“Serio, creíble y realista”, ¿qué significa?

La embajadora marroquí en España Karima Benyaich

EFEEmbajadora Marruecos

Con esas tres palabras (¿valores?) Marruecos va convenciendo a los países que cuentan que su plan para integrar el Sahara en su territorio merece la pena, que se trata de la mejor opción para resolver un problema enquistado en las Naciones Unidas desde hace medio siglo. Una de las últimas etapas de las descolonizaciones que atravesaron el siglo XX con conflictos sangrientos y dramáticos. Procesos de descolonización que han proporcionado resultados contradictorios y menos positivos de lo que se estimaron en sus primeros avatares.

Las resoluciones de las Naciones Unidas, conforme a la práctica precedentes, avalaban un proceso de autodeterminación del llamado pueblo saharaui abandonado por España en su momento de mayor debilidad y ocupado, al menos parcialmente, por Marruecos que lo ve como parte de su designio nacional. Al lado Argelia renuente a cualquier reforzamiento del vecino marroquí y, por ello, soporte de la autodeterminación del Sahara.

Es obvio que Marruecos no está dispuesto a admitir la incertidumbre de un proceso de autodeterminación de un territorio que ya tiene ocupado, aunque sin suficiente autoridad y derecho. Para atraer a la indeterminada población saharaui los marroquíes ofertan un modelo de autonomía, más o menos amplia y creíble, pero asumiendo una indiscutible soberanía que incluye el monopolio de la fuerza.

España es parte inevitable del conflicto, aunque carece de capacidad determinante. Para Marruecos contar con España es importante, aunque no necesariamente determinante. Más lo son los países poderosos, fundamentalmente Estados Unidos, Francia y Alemania que cultivados con paciencia y mimo por Marruecos han asumido los conceptos que encabezan esta nota. Una solución “seria, creíble y realista”, una retahíla de palabras (conceptos) para que la realpolitic se imponga en la interpretación de las resoluciones.

El gobierno Zapatero estaba por una solución satisfactorio para los marroquíes, aunque supusiera poner punto final a las promesas al Polisario, la principal resistencia saharaui a la adhesión a Marruecos. No encontró el momento ni la oportunidad para materializar esa alternativa incómoda para una parte del partido y para el resto de la izquierda. Pedro Sánchez ha encontrado el momento y ha procedido con audacia y determinación para la rectificación socialista. Seguramente con un cálculo de riesgos más calculado de lo que percibe ante las reacciones inmediatas de los argelinos, de los socios del gobierno y de la oposición española.

La posición de los Estados Unidos y de los europeos es pragmática: resuelvan ese conflicto que hay asuntos más importantes a los que atender en el Mediterráneo tanto desde el punto de vista estratégico como energético. Marruecos y Argelia tendrán que pensar en entenderse, en abatir discrepancias y tensión, y los saharauis deben dejar de ser piedra en el zapato. Por eso hay que definir una solución que parezca “seria, creíble y realista”. Lo que no nos han contado es el precio y quienes van a pagan y quienes a cobrar. Para España marruecos es el vecino inevitable con el que hay que mantener razonable vecindad.

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