Emigración y burocracia deficiente

Inmigrantes

| EFE

Cada mañana a los dirigentes políticos les ponen sobre la mesa un sapo para el desayuna con las referencias críticas en los medios, incluido algún dulce elogioso (siempre insuficiente). Este lunes además del artículo de Cebrián el diario El País incluía en su página 24 una información firmada por María Martín (a quien no tengo el gusto de conocer, pero a la que felicito desde aquí) que probablemente no ha escalado al resumen para jefes pero que me parece de lo más relevante de los diarios del día.

Se refreía al avatar de los migrantes llegados a España a los que se requiere un contrato de trabajo para formalizar o documentar su estancia como residentes con derechos festivos. Conseguir ese contrato de trabajo que abre las puertas a la dignidad no es sencillo, la burocracia, los servicios oficiales de empleo no están para eso, cada migrante tiene que apañarse para lograr afrontar la burocracia de la formalidad que está más para exigir que para ayudar.

Una dinámica que propicia la aparición de mercados oscuros que suministran contratos amañados para presentar a las oficinas de formalización de permisos de residencia y trabajo. Mercados oscuros, negros que trafican con documentos trampeados y que complican la vida a unas personas migrantes que bastantes dificultades han sufrido para llegar a la tierra de su esperanza.

Una burocracia ineficiente impide una respuesta ordenada y limpia a la demanda de esas personas que quieren residir y trabajar en España. El reportaje de El País destaca que son 6.500€, sin garantía de eficacia, lo que puede costar uno de esos contratos amañados que abren la puerta de la normalidad.

Si los resúmenes de prensa de la mañana se ocuparan de las cosas serias, más que de los avatares del paupérrimo debate político actual, esos jefes se deberían ocupar de resolver el problema de la inserción de esos migrantes maltratados. No puede ser inabordable para los servicios de migraciones ordenar los flujos y ofrecer una atención eficaz a personas que merecen más respeto a las que no se puede encomendar a mercados negros, mafiosos, irregulares y abusivos. Eso es gobernar sin, necesariamente gastar ni prometer, simplemente gestionar con seriedad y serenidad.