“Prender fuego”, como praxis política

José María González, Kichi

| Europa Press

El alcalde de Cádiz se ha puesto al frente de las protestas incendiarias que padece su ciudad con una declaración llamativa: “Hemos tenido que prenderle fuego a Cádiz para que en Madrid se fijen en nosotros”. “Prender fuego” como práctica política no es novedoso, hubo tiempos en los que era frecuente, con resultados desastrosos.

Que un alcalde con legitimidad democrática, con recursos legales para hacerse oír y escuchar, caiga en la tentación del fuego, quemar lo que pillen trastornando la vida ciudadana, incluidos los accesos a los hospitales, no es probable que atraiga inversiones, empleos y prosperidad. Pero ese razonamiento no figura en el libro del alcalde gaditano; ha preferido colocarse al frente de las manifestaciones y desplegar en Twitter una serie de mensajes de adhesión y aliento justificando la violencia que va contra lo que llama violencia estructural.

Lo de Cádiz, los datos de paro y precariedad, es muy llamativo, para análisis minucioso de los datos. Una provincia, varias comarcas con no pocos recursos naturales, que parece condenada a encabezar los rankings de paro, precariedad y economías informales. Décadas de gobiernos autonómicos y municipales socialistas, también con alcaldes del PP, no han conseguido dar con la tecla del progreso para Cádiz.

“Prender fuego” suele ser un recurso extremo para presionar con limitadas probabilidades de éxito, entre otras razones por lo que tiene de “efecto llamada”, es decir de modelo a seguir para reivindicaciones de cualquier tipo.

El alcalde apela a Madrid como al enemigo, quien debe resolver los problemas. Por Madrid debe entender el gobierno de España, el que llegó con el mensaje de que nadie puede quedar atrás. La industria gaditana de cabecera (naval) es pública, del Estado; dependiente de los recursos y la capacidad de gestión del gobierno de turno que suele actuar de promotor de contratos y proveedor de financiación de muy distintas formas.

Cuenta además la productividad, las habilidades de las plantillas de esas empresas. “Prender fuego” no debe ser el procedimiento más eficaz para captar clientes y contratos aunque puede amedrentar a gobiernos débiles o muy impresionables. Vamos a comprobar pronto si este gobierno es de los impresionables por las hogueras o de los que se aplican el manual de resistencia.