Música preelectoral, suenan tambores

Pedro Sánchez en el Senado

| La Moncloa

En teoría, en normalidad, las citas electorales tocan el año 2023, en mayo autonómicas y municipales, y a fin de año generales. Catalanas, vascas y gallegas tienen plazos más largos: 2024 o 2025. Llevar las elecciones a final de mandato es síntoma de serenidad, de madurez democrática, de oportunismo contenido. Esa fue una de las características de la etapa del consenso y del bipartidismo imperfecto del último cuarto del siglo XX y primera década del XXI. Esa es la normalidad que pretende Pedro Sánchez para rubricar su mandato en coalición, pero no es probable que ocurra.

Cuando apenas estamos doblando las legislaturas, a mitad de mandatos, la música preelectoral suena con fuerza y los clarines advierten que los gobiernos están agotados y los partidos se inclinan por medirse en las urnas. Las vísperas electorales no son propicias a los buenos gobiernos, tanto unos como otros, gobiernos y oposiciones, se afanan en captar electores, en no molestarles y, al tiempo, combatir a los adversarios a cualquier precio. Los problemas del país pasan a segundo término, lo principal es la propaganda, ensalzar lo propio y denigrar a los adversarios. Los tambores y pinturas de guerra no son compatibles con la gobernanza.

En realidad, ningún partido tiene interés o ventaja para acelerar los procesos electorales, ni siquiera para experimentar en algún territorio, pero el ruido electoral crece. Primero en Andalucía que debería ser el territorio inicial de la carrera electoral (la legislatura acaba en diciembre de 2022) pero puede adelantar la cita a primavera, sobre todo si el gobierno andaluz no consigue aprobar el Presupuestos para el 2022 este mismo mes.

Unas elecciones en Andalucía en primavera podrían certificar el fin de trayecto de Ciudadanos y confirmar que el PP no tiene otra alternativa que la alianza con VOX para seguir gobernando. Los dilemas no son menores a la izquierda, sobre todo en el espacio más allá del PSOE con el proyecto Yolanda sin concretar y una fractura insoportable en las demás formaciones de izquierda que se canibalizan.

Para reforzar la idea de un PP ganador la dirección del partido está interesada en apostar por el adelanto en Castilla León para lograr un 2-0 sobre los socialistas. Para enjugar ese resultado probable el movimiento de los socialistas sería adelantar las elecciones en Valencia para ratificar el dominio sobre ese territorio.

La prudencia aconseja agotar mandatos, aun a trancas y barrancas, y gobernar la pandemia y la recuperación. Pero la audacia mal entendida empuja hacia las urnas para clarificar posiciones y asumir nuevos alineamientos en las coaliciones. La tentación electoral significaría un año 2022 de campaña en campaña, tambores de guerra y no pocas bajas en las contiendas.