Las cotizaciones son salario diferido

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Con las cotizaciones a la Seguridad Social, de actualidad ahora por el anuncio de una subida de tipos de seis décimas, padecemos algunas confusiones de concepto que vienen de atrás y no ayudan a su comprensión. Se mantiene una estéril diferenciación entre la llamada cuota del trabajador y la de la empresa, una distinción retórica que lleva a confusión. Que exista una parte de la cotización que se refleja en la nómina y otra en un epígrafe de coste empresarial es irrelevante; de hecho, todas las cotizaciones son costes salariales obligatorios para la empresa, salarios diferidos en favor del empleado, depositados en el sistema de Seguridad Social que gestiona el Gobierno.

El trabajador no es consciente de que el coste salarial para el empleador es el bruto reflejado en su nómina (incluida parte de la cotización sociales y la retención para el IRPF) y las cotizaciones con cargo a la empresa que también son salario ya que su origen está en el contrato de trabajo. El llamado coste bruto para la empresa es la suma de todos esos conceptos que sería pedagógico que fueran todas ellas reflejadas en la nómina, ya todo es salario. El 79% de las cotizaciones sociales en España se destinan hoy al sistema de pensiones, 19,5% al desempleo; el 2% a formación profesional y el 0,55 al Fondo de garantía salarial. En total el coste adicional del 36,25% sobre el salario antes de retenciones que el gobierno pretende elevar en seis décimas para recomponer las reservas del sistema (la hucha) en previsión del efecto de la llegada a la jubilación de las generaciones de la fase de alta natalidad.

Y una prudente medida previsora en un momento de grave y crónico déficit del sistema ordinario de pensiones. Un déficit que el gobierno se propone cubrir con cargo a los presupuestos, mediante créditos del Tesoro y asunción de gastos hasta ahora cargados sobre el sistema de la Seguridad Social.

El problema del aumento de las cotizaciones es que implica un incremento de los costes salariales efectivos, que son desincentivadores del empleo cuando el paro es el primer problema para los españoles. Los dilemas de los gestores del sistema para cuadrar las cifras no son fáciles de resolver. Si la parte fija de la ecuación es mantener la capacidad adquisitiva de las pensiones actuales y futuras, la parte variable no es otra que la correspondiente a los ingresos, es decir más cuotas o más transferencias del Tesoro que tampoco goza de buena salud financiera.

Los empresarios se quejan de que aumentar el coste salarial va contra el empleo, los sindicatos quieren más transferencias del estado (alguien pondrá el dinero) y el gobierno trata de no perder las elecciones. Salir del laberinto requiere más explicaciones, más liderazgo político, más voluntad de resolver problemas de verdad.

En cualquier caso quede claro que todas las cotizaciones son salario, va vinculada al empleo y todo lo paga el empresario, que entrega una buena parte al Estado para que lo administre con la diligencia del “buen comerciante” que no da gato por liebre y no promete lo que no puede cumplir.