La conciencia de Odón (lo que dice y lo que hace)

Odón Elorza, diputado socialista y político profesional (concejal a los 24 años y luego alcalde y diputado) expuso ante la comisión de nombramientos del Congreso su opinión sobre la falta de idoneidad de uno de los candidatos al Constitucional. Una opinión bastante extendida en la opinión pública; por ejemplo, en casi todos los diarios nacionales. Lo que sostiene el diputado Elorza tiene fundamento, dice lo que piensa y, seguramente ha pensado lo que dice; dejó claro lo que su conciencia le dicta.

Pero a renglón seguido el diputado Elorza pasó de las palabras a los hechos, a votar, y en ese trance la disciplina de partido se antepuso a la conciencia. Una disciplina de partido que tampoco respondía a un caso dramático, su voto no era determinante ya que gobierno y oposición han captado votos suficientes para lograr una mayoría en la votación del pleno de la próxima que materializará la designación de miembros del Constitucional.

El caso Elorza es simplemente ilustrativo de la volatilidad de la conciencia de los políticos profesionales que no tienen contención a la hora de evidenciar lo que piensan para luego actuar de otra manera. Es la teoría marxiana que sostiene: “estos son mis principios, pero si no le conviene tengo otros”.

Lo llamativo es que esa contradicción cada día más frecuente en la política, no solo en España, ha conseguido calar en la opinión pública y en el electorado que lo acepta como algo natural, habitual, que no hay que penalizar porque forma parte del paisaje.

Los debates estos días sobre el alcance de la contrarreforma laboral o sobre el liderazgo del Partido Popular en Madrid son fértiles en palabras ambiguas, en desmentidos y en afirmaciones que se sostienen en el aire y carecen de eficacia. Dicen a cada público lo que este espera y se contradicen en cuestión de horas.

Podríamos pensar que se trata de conciencias lábiles, volátiles, acomodaticias y que no tienen coste. Cuando el PP mejora sus expectativas electorales viene fuego amigo interno para sembrar desconfianza. Cuando los datos de empleo mejoran en coyuntura poco favorable los mismos que se felicitan proponen contrarreformas con muy dudosa eficacia para superar los problemas del desempleo y la precariedad. Al fondo queda la disputa por el poder en favor de los afines, que poco tiene que ver con la conciencia.