Derogar, reformar, renovar… palabras vanas

El Gobierno se ha puesto de acuerdo sobre la contrarreforma laboral ¿Es noticia? La noticia era la ausencia de acuerdo, es decir la renuncia al acuerdo que hizo posible la coalición. Que el acuerdo siga vigente no supone novedad, aunque se escenifique una liturgia de tensión entre las vicepresidentas resuelta con el arbitrio decisivo del jefe, el resistente.

Aparte de la liturgia del acuerdo del gobierno conocemos palabras ambiguas e incluso anfibológicas, pero poco contenido. La portavoz ha utilizado el concepto de “derogación”, que es el mantra de los coaligados y los sindicatos, evitando los conceptos utilizados por la vicepresidenta primera: renovación, modernización… mientras al presidente Sánchez le hemos escuchado todas las palabras citadas según el auditorio y el momento.

Lo que se está discutiendo tiene mucho de nominalismo y apariencia; al fondo se nota la típica tensión por arañar más poder y restarlo a otros. Lo que la contrarreforma pretende es otorgar más poder a los sindicatos en la negociación colectiva e incluso en la organización del trabajo. Los sindicatos hoy no necesitan movilizaciones ya que tienen puerta abierta en los ministerios y capacidad para influir decisivamente en la normativa.

La evidencia empírica es que el sistema laboral español, su mercado de trabajo, es manifiestamente ineficiente, el peor de Europa y de la OCDE. Y lo es desde hace décadas, con gobiernos socialistas y populares, en fase de crecimiento y de retroceso. Un mercado que produce simultáneamente mucho paro, mucha precariedad y bajos salarios.

El argumento de todas las reformas, las que se dicen de derechas y las de izquierdas, las liberales y las socialdemócratas, es que apenas han modificado el mercado de trabajo que funge de liberal (a veces) y de intervencionista (al tiempo) y que sigue tributario del modelo autoritario heredado del franquismo, el de las ordenanzas, el despido caro y la huelga ilegal. Se corrigió con los contratos temporales que respondieron a una etapa crítica de desempleo, que llegaron con el primer gobierno socialista para responder a una crisis, como solución excepcional, pero que se han quedado pata formar parte del problema.

Un problema cuya raíz de fondo está en la renuencia de los empleadores a firmar contratos de trabajo estables y la preferencia por la temporalidad y la inestabilidad. Cuando se percibe peligro en la contratación se limita, con el resultado conocido.

El gobierno intentará un acuerdo social para la contrarreforma vestida con muchas palabras y poco contenido. Y la oposición sostendrá que hará la contrarreforma 2 de la contrarreforma 1, para mayor confusión de los empleadores que seguirán resistentes a emplear… por si acaso.