Lectura del IPC: calma, mucha calma…

El dato adelantado del IPC de octubre irrumpió de mañana como artefacto explosivo; nadie había estimado, ni en el peor escenario, una tasa interanual del 5,5%, que carece de precedentes en la historia del euro, una moneda antiinflacionista. El 5,5% de octubre apunta a que los datos de noviembre y diciembre no serán más bajos ya que contrastan con subidas de dos décimas en los mismos meses del pasado año. Aunque se estabilicen los precios de la electricidad, el sesgo alcista de los precios va a durar varios meses.

Así que la referencia de indicación de salarios, pensiones y otros conceptos respecto al IPC impone un compromiso difícilmente asumible para las finanzas públicas y privadas. La práctica de actualizar rentas con el IPC está arraigada y requiere un trabajo pedagógico y de credibilidad para escapar al riesgo inflacionistas de primera y segunda ronda. Una credibilidad que no parece al alcance de las actuales autoridades.

De momento no hemos escuchados explicaciones sosegadas y documentadas sobre ese 5,5% que desborda previsiones y amenaza la recuperación y la estabilidad. El dato es el del adelanto del INE, pero la experiencia nos dice que los técnicos estadísticos afinan bastante bien sus estimaciones de IPC y que a mediados de noviembre confirmarán el dato conocido esta mañana.

Este IPC merece algunas precisiones: Primera, el contraste, la diferencia, con el IPC subyacente, que excluye elementos volátiles como los productos energéticos y los alimentos sin elaborar. El subyacente ha subido hasta al 1,4% (cuatro décimas por encima del mes anterior y más de un punto por encima de la media de los últimos años).

Segunda: al 5,5% actual han contribuido decisivamente los precios de la electricidad y de la gasolina; precios muy volátiles en determinadas coyunturas. Hasta el 70% de esos 5,5 puntos se deben a ambos productos.

Tercera: así como la medición del precio de los carburantes es bastante precisa (aun sin incluir descuentos), el cálculo del precio de la electricidad para las familias se obtiene por medias de los contratos del mercado regulado, que afecta solo al 40% de las familias. Un precio que está trastornado estos últimos meses por el desbocado precio mayorista de la electricidad que en España se traslada de forma automática y mecánica a las tarifas reguladas. Ahora desbocadas mientras que los precios libres (60%) apenas han cambiado ya que responden a contratos a largo plazo. Pero estos contratos no computan en el IPC.

No se puede cambiar la metodología del IPC, que es ortodoxa y eficiente, por una coyuntura concreta y excepcional, pero hay que tenerlo en cuenta para evitar efectos automáticos en forma e corrida de precios y tarifas. La carrera para protegerse de una inflación futura puede ser el mejor acelerador de la misma. Por eso hay que explicar y convencer.

Hoy mismo un fabricante de envases anunciaba que subía los precios un 25% porque la electricidad había subido más del 100%. Un ejemplo de esa anticipación desmesurada ya que el coste de la electricidad en su negocio, por importante que sea, no puede justificar ese aumento del producto final.

Tan alarmante IPC como el que hemos conocido merece respuesta calmadas, razonadas y profesionales. Una responsabilidad que corresponde en primer término al Gobierno, pero también a economistas y periodistas.