Europa y la contrarreforma laboral

El Partido Popular por boca de su presidente advierte que recurrirá a Europa y al Constitucional la contrarreforma laboral del gobierno. Ni Europa ni el Constitucional tienen vela en este entierro salvo excentricidades que vayan contra leyes superiores. No es probable que desde Bruselas vayan a dictar las líneas rojas de una reforma del mercado de trabajo, ya que no es materia de legislación comunitaria. De hecho, los mercados laborales de cada uno de los países de la Unión se han dotado de la legislación laboral que les ha parecido con respeto a criterios generales de los Tratados o de la OIT.

El Parlamento, con mayoría suficiente, dictará las normas laborales que estime convenientes, entre ellas si los convenios colectivos (que en España tienen fuerza de ley) de sector se anteponen a los de empresa o si la vigencia de los convenios vencidos se extiende hasta que se firme otro. Lo hará este Parlamento y también el que venga más tarde con la misma u otra mayoría. Otra cuestión es que el mensaje que se traslada a los empleadores (los que crean y sostienen puestos de trabajo) sea más o menos hostil y más o menos estimulante (o no) para contratar.

La confrontación interna del gobierno acerca de la contrarreforma laboral es táctica, politizada y oportunista. Los morados quieren acreditar poder y dejar su impronta que es conocida, un pensamiento siempre hostil al empresario considerado como sujeto sospechoso al que hay que tener controlado. Los colorados que encabeza Sánchez son más ambiguos, una parte de su alma tiende en esa misma dirección, pero otra más pragmática y experimentada les inclina hacia los modelos europeos que defienden la llamada “flexiseguridad” que trata de establecer equilibrios en las relaciones de sindicatos y empresarios.

Todo apunta a que los morados cantarán victoria pronto y los colorados tratarán de apropiarse del contenido de la contrarreforma con el argumento de que han evitado males mayores. El caso de la ley de alquileres es indicativo.

La realidad es que todos estos movimientos introducen incertidumbres y reservas a la hora de contratar, aunque también pueden contribuir a evitar algunos abusos. La ministra de Trabajo utiliza el argumento de la limpieza de hoteles (¡a tres euros la habitación!) para regular la subcontratación a la baja.

Con la reforma del mercado laboral ocurrirá como con la reforma educativa (dos de los problemas más serios de la sociedad española que, además están conectados), cada gobierno impondrá su modelo, todos insuficientes por ideologizados y todos imperfectos, ya que introducen incertidumbre y recelo.

Europa no va a evitar la contrarreforma laboral, otra cuestión es que los agentes económicos, inversores y financiadores, tomarán buena nota y añadirán interrogantes y cautelas a la hora de tomar decisiones sobre España.