Derogar la reforma laboral, meras apariencias

Aparentemente el acuerdo del gobierno de coalición está en el aire por la derogación de la reforma laboral del 2013. Ese es el mensaje trasladado por algunos voceros del sector morado del gobierno el pasado sábado. La respuesta de la zona colorada del gobierno, es decir de la Moncloa, va en sentido contrario, no hay problemas, la coalición es firme. Lo real es que ni a morados ni a colorados les interesa una crisis de gobierno de más alcance que la inducida por el fracaso en los comicios regionales de Madrid del pasado marzo.

La derogación de la reforma laboral, como del código penal, son mantras para los mítines y poco más. Derogar leyes vigentes significa anularlas para sustituirlas; la mera derogación sería insuficiente, supondría volver a algo que no funcionaba. De manera que la contrarreforma laboral pasa por la proposición de otra norma sustitutoria. Este gobierno lleva ya dos años (tres desde la moción de censura) al mando con la oferta de esa contrarreforma en primer plano. Y durante tan largo período de tiempo del gobierno no ha salido ningún anteproyecto de ley (un decreto ley sería excéntrico) con una redacción que modifique lo que llama “normas lesivas” de aquella reforma. Eso sin perder de vista la parte de la reforma anterior (la de Zapatero) que tanto molestó a los sindicatos que amagaron con una huelga general.

Pedro Sánchez ha prometido en algunos foros ad hoc derogar la reforma laboral, aunque en otros foros ha sostenido lo contrario para apuntar a una revisión del Estatuto de los Trabajadores teniendo en cuenta los nuevos marcos laborales del siglo XXI.

Muchas palabras y pocas concreciones; meras apariencias. Lo que molesta a los sindicatos de la reforma laboral de 2013 es que les restó algo de poder en favor de los empleadores. Una tesis discutible, entre otras razones porque en la práctica las modificaciones de la reforma de 2013 se debilitaron por las ambigüedades del redactado y por sentencias de los tribunales que han limitado los efectos de la reforma.

Los sindicatos critican que el convenio de empresa tenga más vigencia que el de sector o el territorial. La realidad de estos años evidencia que esa posibilidad no ha incentivado esos convenios de empresa que, en teoría, debilitan el poder sindical. Otro tanto con la ultraactividad de los convenios que siguen vigentes más allá de su plazo pactado mientras no se negocie otro acuerdo. En el fondo son nimiedades en un marco como el del mercado de trabajo que en España funciona mal desde hace décadas, que produce como resultado una sociedad con mucho paro, mucha precariedad y salarios bajos. En resumen, un infierno laboral.

Lo urgente e importante sería una reforma laboral de verdad, sobre todo si lo que se quiere es crear empleo estable y bien pagado. En vez de eso estamos ante una confrontación política de poder dentro de propio gobierno entre morados y colorados que quieren aparentar que son de izquierdas porque protegen a los sindicatos para acercarles al oficialismo. Quizá al ministerio de Trabajo habría que llamarle ministerio de Relaciones Sindicales. Ya hubo uno.