Constitucional, un pésimo consenso

El acuerdo PSOE-PP, de Pedro con Pablo por mediación de Félix y Teodoro permitirá renovar el Constitucional, muy fuera de plazo, consagrando las malas prácticas y los excesos del pasado. Más de lo mismo y a peor. Los dos partidos que componen la única mayoría posible para renovar el Constitucional, para desbloquear el candado institucional, han alcanzado un acuerdo de reparto que contraviene el espíritu de la ley y debilita la democracia española para acercarla a la de los estados averiados, de Polonia a Venezuela.

El Tribunal Constitucional está diseñado en nuestra Constitución, copia del modelo alemán, como órgano superior que vigila y garantiza la vigencia y cumplimiento de la Constitución, la legalidad y el estado de derecho. Para ello tiene que estar al margen de los poderes clásicos, desde luego que del ejecutivo, pero también del legislativo y el judicial. Ese es el espíritu y la letra de la ley.  Y por eso los mandatos de los miembros del Tribunal son largos (nueva años) con la pretensión tácita de que sean fin de ciclo, culminación de una carrera como garantía de independencia y de competencia.

Por eso los designados deben ser personas con intachable reputación, con un prestigio profesional indubitado, con auctoritas y potestas. ¿Responden a ese perfil los cuatro elegidos por los dos partidos con capacidad para elegir? Desde luego que no, lo característica principal de los cuatro nominados es la vinculación al partido que los ha elegido, lo demás es adorno. Los cuatro llegan al alto tribunal tras un paso previo por el consejo del Poder Judicial donde acreditaron conciencia y agradecimiento a sus patrocinadores. Y los cuatro presentan en sus hojas de servicio una rotunda vinculación y acercamiento a ambos partidos y sus sensibilidades.

En una lista de cien candidatos con méritos acreditados para ocupar esas plazas de intérpretes de la Constitución no es probable que figuraran ninguno de los cuatro. No forman parte del paquete óptimo, ni siquiera del primer o segundo subóptimo. Ortega diría “no es esto… no es ésto”. Para decisiones de este porte no se hizo la Constitución, este modelo se parece más al de un régimen autocrático a la turca donde el ejecutivo (pero aun, los partidos) determinan quienes deben vigilar e impedir sus excesos.