A Pedro Sánchez lo que es de Pedro Sánchez

No son pocos los que hablan con el presidente del Gobierno que perciben crecimiento en el ejercicio del cargo, el poso y el peso de la banda presidencial produce crecimiento, las visitas a Bruselas generan madurez, ya es algo más que “el guapo” como le llamaban compañeros de partido cuando andaba haciendo méritos en el Ayuntamiento o por los aledaños de Ferraz. También son muchos los que insisten en sus carencias y no le perdonan nada para criticarle y hasta ensañarse con sus contradicciones y tacticismo.

Pera nadie puede negar hoy a Pedro Sánchez que cuatro años atrás encabezó un partido dividido, enfrentado y declinante tras el XXXIX Congreso, que le devolvió la secretaría general del partido, y ahora lidera un PSOE que se presenta tras su XL Congreso feliz, pacificado y unificado. La presencia en el Congreso de Valencia de todos los anteriores secretarios generales, especialmente, el discurso de Felipe González, ponen de relieve una realidad más que aparente.

El Congreso socialista tuvo más de fiesta de amigos reconciliados que de jornadas para el debate ideológico. Las propuestas de la ponencia política eran las previsibles, sin entrar en los temas de fondo y hacer propuestas ambiciosas o novedosas. La reivindicación socialdemócrata no deja ser un lema confuso con más sesgo nostálgico que otra cosa.

A Pedro Sánchez nadie puede negarle que ha conseguido unificar el PSOE y dotarle de expectativas de gobierno, que no es poco; al fin de cuentas ese es el objeto social de todos los partidos políticos. También es cierto que las expectativas electorales están en la banda más baja de los últimos cuarenta años, pero es algo coherente con el mapa político-electoral de una democracia asentada, aunque herida y mejorable, con nuevos partidos que han captado el malestar y las decepciones de una sociedad que aspira a más seguridad y más prosperidad.

Felipe González advirtió del riesgo del “neopobrismo”, del riesgo de adelantar el reparto a la creación, pero los asistentes no están para ese debate ni para escuchar al viejo líder del que esperan que no estorbe.

Quedan pocas dudas sobre el liderazgo de Sánchez en el PSOE, ni críticos, ni tibios, ni siquiera durmientes. El PSOE actual es el de Sánchez que ha compuesto los órganos directivos sin tensiones ni desgarros. Viene la dirección más joven, más femenina y más leal al mando de todas las que ha conocido el socialismo español. Ni dos almas, ni desavenencias, ni divergencias. Ese es el modelo Sánchez, que va bien cuando hay poder detrás que sustente la hegemonía. A Pedro Sánchez hay que reconocerle que ha sabido mandar, integrar y domesticar.