PP y PSOE, dos partidos controlados

Durante los dos últimos fines de semana los partidos centrales, los del bipartidismo, han trasladado a la opinión pública, y sobre todo a la militancia y a sus electorados, sensación de unidad, de preparación para las confrontaciones electorales próximas. Las sombras de ronda emitidas desde el entorno de Isabel Díaz Ayuso antes de la convención del PP se disolvieron antes dinamitar el liderazgo de Pablo Casado.

En el PSOE los mensajes de su 40ª Congreso han sido más contundentes, la unanimidad es notoria, Sánchez es más jefe y más líder que sus antecesores una vez que Felipe González se limita a reclamar su libertad de palabra, sin merma de la disciplina y unidad del partido. Lo de Casado es algo más complicado por el hecho de que está en la oposición donde siempre hace frío y las ambiciones de los aspirantes disponen de más oxígeno.

Lo que queda claro después de los cónclaves de los dos partidos es que el bipartidismo se recupera y goza de más salud de la que le atribuían hace unos pocos años. No ha recuperado la hegemonía de finales del pasado siglo con intenciones de voto por encima del 33%, pero ahora tienen garantizados suelos en torno al 25, que solo permiten aspirar a gobiernos de coalición, pero con razonables garantías de ocupa la presidencia del gobierno.

Ninguno de los nuevos partidos a la derecha, la izquierda o el centro, que hace pocos años aspiraban a superar a los incumbentes gozan ahora de oportunidades de lograr la primacía. Por más que el dolorido Iván Redondo otorgue a Yolanda Díaz la posibilidad de alcanzar la presidencia en las próximas elecciones la más probable es que Pedro y Pablo sean el año 2023 los candidatos con posibilidades.

La hipótesis de una Yolanda presidenta pasan por varias confluencias de astros muy poco probables. Improbable (no imposible) es que concurra algún día encabezando la lista socialista, pero la capacidad de absorción del PSOE de dirigentes de otros partidos a su izquierda está acreditada a lo largo de la historia reciente.

En la derecha el PP sigue embarcado en la gestión de la herencia de Rajoy y la pugna con VOX y afectado por las dudas recurrentes sobre la firmeza del liderazgo de Casado y la consistencia de su equipo, pero no parece que a estas alturas pueda producirse un relevo o una crisis interna que sería suicida.

Así están puestos los bolos de la política española, con los partidos en campaña perpetua y con escenarios autonómicos para el 2022 (Andalucía, Valencia, Castilla León…) a modo de ensayo general y primarias decisivas en mayo del 2023 con las municipales como termómetro para medir los pesos electorales efectivos. Una larga campaña con no pocas sorpresas por emerger. Los dos grandes partidos están controlados y listos para competir.