Una entrevista intrascendente

Entrevista a Pedro Sánchez

El presidente del Gobierno aceptó una entrevista en el plató de la Sexta (buen detalle cuando los presidentes acostumbran a moverse en el espacio del palacio de la Moncloa) pero transcurrida la misma no está claro el objeto de la misma. Ningún titular, ningún anuncio, ningún riesgo… como una de esas tardes de toreo en las que el protagonista principal, el toro, sale amorcillado, amansado, sin ganas de entrar a nada y voluntad de punto final. El entrevistador desplegó el temario previsible y el entrevistado respondió de carril, con lo que llevaba pensado, sin contenido. Tan de carril que hasta el entrevistador sucumbió a ese sesgo sin repreguntar, sin ir más lejos, contagiado por la modorra.

Puestos a estimar un objetivo de la visita de Sánchez al plató de Al rojo vivo, ale que fue a dar cera a la oposición, leña al mono, aunque coincida con el día en el que se ha producido un pacto para renovar la mayor parte de las instituciones que requieren consenso de los dos partidos centrales. La entrevista estaba pactada antes de que el pacto se materializara y Sánchez no quiso adaptar el guion a ese dato. Mera comodidad.

“Esta es la oposición que tenemos” (dice Sánchez con cara de mucho pesar, “no es leal al país”. Golpe bajo tópico de adversarios intensos y reincidentes. Es cierto que las declaraciones de casado del lunes fueron excesivas, pero los pactos del jueves merecían algún reconocimiento porque suponen hechos, acuerdos, que son más importantes que las palabras.

Por lo demás vimos al Sánchez de siempre, aparentemente modesto (la modestia como fórmula sublime de soberbia); aparentemente convencido de que todo lo hace bien (cuando digo todo es todo, no un rastro de insatisfacción, ni siquiera como truco); seguro de sus afirmaciones con brochazos superficiales de argumento, por ejemplo, con la cuestión de las pensiones que percibe como un no problema. Cataluña no existió en la entrevista más allá de calificar a ERC de progresista. El desafecto de Iván Redondo el día anterior solo mereció silencio desdeñoso, como la emergencia política de Yolanda Díaz.

En resumen, una entrevista intrascendente, innecesaria, a la que se puede atribuir como mérito que tuvo la ventaja de la brevedad, la voz baja y el hablar quedo.