Alquileres, más ruido que nueces

Pedro Sánchez concluyó con la autoridad que le da La Moncloa el debate sobre el control de alquileres que sus ministros y allegados de la coalición no lograban cerrar tras meses de negociaciones. La intervención, más que arbitral, del presidente para tomar medidas se nota más que antes, deja fuera la opinión de ministros afectados y resuelve los debates con autoridad, lo cual no quiere decir que con fundamento. E caso del decreto eléctrico, cocido en Moncloa, es ejemplar.

El asunto del control de alquileres forma parte de la lista corta y firme de exigencia de Unidos Podemos hasta convertirse en el primer fielato para pasar los Presupuestos 2022. Así lo entendió Sánchez que pagó el peaje. Ahora queda satisfacer a los demás aliados para componer la mayoría parlamentaria que apruebe la ley.

Aparentemente Sánchez ha hecho concesiones a los socios de mucha trascendencia. Aunque no conocemos el detalle de la norma las líneas básicas de la nueva ley son más ruido que nueces. El ámbito de aplicación es limitado y condicionado, afectará a un parque muy reducido de viviendas (grandes tenedores en zonas tensionadas) y no apunta al centro del problema: escasez de vivienda de alquiler.

Una consecuencia (supongo no buscada, pero muy probable) de la ley será el alejamiento de inversores privados del riesgo de entrar en el radar de ley, de manera que o el sector público asume el coste y la responsabilidad de crear viviendas o despliega incentivos para que alguien las haga.

Lo que ha permitido esta ronda es la foto del presidente con la cabeza de fila del socio, paseando por la Moncloa para trasladar mensaje de unidad. De paso ha empujado a la oposición al ejercicio gruñón de la discrepancia airada y ampulosa que tanto agrada a los del gobierno. También la agitación de la demagógica lucha de los pobres y los ricos, del gobierno persiguiendo a esos “grandes tenedores” (¡vaya concepto!) a los que luego va a cortejar el presidente a Nueva York.

La ley se tramitará en el Congreso a lo largo de los próximos meses, probablemente se empeorará para ganar los votos precisos, Su eficacia (o fracaso) se notará en un futuro lejano. La experiencia de las ciudades europeas que han ido por ese camino no es estimulante, contiene más ideología que eficacia y pragmatismo, pero sirve para agitar el debate político y la captación de votos.

Para añadir su sello personal Sánchez ha resucitado la afición de Zapatero por el reparto de cheques estimulantes. Gobernar es gastar. Aunque el resultado final, como apunta la experiencia Zapatero, lleva a perder elecciones con estrépito, pero la tentación es irresistible. Zapatero repartía cheques con la deuda al 60% del PIB, Sánchez lo hace al 140%, ¡que santa Rita le cuide la vista!