Yolanda Díaz no soporta “egos” (de otros)

Yolanda Díaz es la estrella del gabinete; la mejor valorada en las encuestas; la más apreciada por los medios. Los periodistas, a los que frecuenta con discreción, dicen que es encantadora, que cuenta cosas, que escucha y que es la más humana y tratable del gobierno. El presidente Sánchez la escucha y la considera portavoz de sus aliados de Podemos aunque no milite en esa formación ya que su adscripción al grupo parlamentario llega por la Coruña, por su militancia distante en el PCE y una cercanía no muy activa a las confluencias nacionalistas de izquierda. A la ministra (y vicepresidenta) no le interesa tanto la militancia partidista como las convicciones ideológicas y sociales; desde luego que le intere4sa poco el nacionalismo, sus raíces anclan en el sindicato CCOO, el de su padre y su tío, y su referencia comunista, al PCE de la vida. Ese es su ADN, aterrizado en el sindicalismo y el despacho laboral.

Con quien mejor se entiende la ministra es con los sindicatos que sienten al actual ministerio como su casa, como en los viejos tiempos, y que esperan más de las propuestas legislativas del gobierno que de la negociación colectiva que va de capa caída desde hace varios años. Las patronales van de acompañantes y abajo firmantes de pactos que les van bien, por ejemplo, todos los referidos a los ERTEs que ha n permitido surfear la pandemia con recursos presupuestarios.

La ministra aparenta como la campeona de los pactos, pero es más apariencia que realidad; han sido pactos laboriosos, en teoría, pero facilitados por una chequera con muchos fondos públicos, con 50.000 millones que se notan en las imponentes cifras de déficit y deuda publica (122% del PIB, último dato).

Pero la misión de Yolanda Díaz no es tener un Ministerio de Trabajo pacificado con las fuerzas sociales; ni siquiera mejorar el funcionamiento del SEPES (cada vez más ineficiente) y demás brazos del ministerio. Su objetivo es encabezar la izquierda a la izquierda del PSOE, unificarla para concurrir a las elecciones y facilitar que Sánchez siga siendo presidente. Algunos ingenuos o utópicos (Pablo Iglesias lo fue en algún momento) aspiran a superar al PSOE, encabezar toda la izquierda y arrinconar la derecha y hasta el centro.

Ese el trabajo que afronta Yolanda Díaz con sus propios méritos y su carisma. Domesticar todos los egos de la izquierda dividida entre los viejos y los jóvenes, los hegemonistas y los revolucionarios, los comunistas de todas las parroquias, algunos anarquistas y otras familias minoritarias.

El modelo de Yolanda es Carmena, una figura aglutinante no comprometida con ninguno de los aglutinados. Lo de la jueza funcionó solo un ratito, una legislatura municipal para disolverse como azúcar en agua caliente. Pero quedó la experiencia, el experimento, y queda la apelación al pragmatismo porque de la unión puede salir el éxito, otro gobierno de izquierda; mientras que la desunión conduce al fracaso.

Yolanda Díaz amenaza con no aceptar el encargo, no soporta el revoltijo de egos porque entiende que para ego el propio, incompatible con otros semejantes. Puede salirle bien la operación, hay muchos por compartir ocupando el poder y mucho que perder. El carisma de la ministra gallega que transita cómoda por Madrid puede llegar a integrar todos esos egos revueltos. El tiempo lo dirá, tiene dos años por delante.