Mucho empleo y poco PIB… lagarto, lagarto

La vicepresidenta Calviño, que va a su bola distinta y distante en el gabinete, se felicita por el crecimiento del empleo a lo largo del año y utiliza el dato para devaluar las estimaciones del INE sobre la evolución del PIB durante el primer semestre del año. Un primer problema con el tropezamos se refiere a los datos, tanto los del empleo como el PIB, están muy condicionados por la pandemia, por series irregulares, poco consistentes, que van a necesitar de más tiempo y de ajustes metodológicos para consolidar unas series fiables a las que poder aplicar análisis y conclusiones fundadas.

Hace bien la señora Calviño es destacar los datos de empleo, porque es el factor crítico de la economía española: el bajo empleo, las bajas retribuciones medias y mínimas y la precariedad. Todo ello justicia que se plantea una reforma a fondo del mercado de trabajo, pero no es el sentido de revertir las reformas anteriores, derogar las reformas últimas, sino para adaptar el Estatuto de los Trabajadores, viejo y muy remendado, a las nuevas condiciones del sistema productivo. Pero de esto no se debate, no el gobierno tiene fuerza y convicción para abordarlo, ni las llamadas fuerzas sociales están en esa onda.

Aunque los datos de PIB son dudosos parece evidente que el crecimiento del empleo, medido en afiliaciones y a través de la EPA, evoluciona a mayor ritmo que el de la economía. De manera que son más repartir y por tanto toca a menos. Lo que no es tan evidente es que la sociedad y especialmente los dirigentes políticos y sociales sean conscientes y estén dispuesto a explicar esa ecuación simple. Toca a menos, va en contra del d8scurso oficial que insiste en repartir para igualar, sin reparar que para repartir hay que tener (o que te resten).

En términos más económicos y académicos lo que nos pasa es que baja la productividad, lo cual va en favor de las tesis del decrecimiento que patrocinan sin explicaciones ni detalles algunos grupos presuntamente ec0logistas, progresistas y de izquierdas. Ir a menos puede ser una estrategia consciente, buscada o fatalista, impuesta. Por ejemplo, en Barcelona las tesis del decrecimiento, de ir a menos turistas, menos vuelos, menos hoteles, menos edificación... son reales y se conocerán sus efectos.

Más empleo y menos producto puede ser una ecuación bien vista corto, para sustentar un relato tramposo, pero encierra una conclusión perversa que producirá decepción y sufrimiento.