¿Cerrar las nucleares?, no es posible

El conflicto de la escalada del precio de la electricidad cursa de mal en peor, de amenaza en amenaza y de jactancia en jactancia. La última, el Foro Nuclear advirtiendo (quizá amenazando) con paralizar las centrales nucleares que hoy aportan casi un tercio de la electricidad vertida a la red. Una amenaza jactanciosa, muy improbable, por no decir imposible. La gestión nuclear es demasiado importante como para que uno de los actores del sector paralelice la actividad. La amenaza-advertencia debe ser fruto de un calentón, de una chulería.

Llamativo en esta crisis es el silencio del sector, especialmente de las compañías productores que no han intervenido en el debate, que han renunciado a una pedagogía que ponga en valor los valores y méritos del sector, que los tiene y no son pocos. Quizá acostumbrados a trabajar en los pasillos no han percibido que existe opinión pública y que cuidar la reputación pasa por explicar e informar.

No sale mejor parado el gobierno que ha actuado con lentitud y confusión, que no percibió la que le venía encima y que finalmente ha optado por tomar, con retraso, medidas que podían haber tomado hace meses y buscar culpables externos sobre los que descargar responsabilidades.

¿Tan difícil les parece la vía cooperativa, el consenso de los interesados y cooperar para ofrecer a la opinión pública un relato comprensible, inteligente, creíble… sobre las expectativas, a corto medio y largo plazo, del coste de la electricidad? De la cooperación saldría un resultado favorable para todos, mientras que de la confrontación y las acusaciones solo resulta un juego de perdedores.

Hay razones para estimar que el coste de producir electricidad a media plazo será cada vez más bajo, lo cual no es óbice para tensiones en la transición de ese proceso cuando concurren circunstancias poco controlables como la escalada del precio del gas.

El proceso de descarbonización (que no es solo de carbón, también de hidrocarburos) es uno de los objetivos estratégicos globales que requiere tiempo, estrategia, explicaciones e inversiones. Apunta a un futuro más saludable, estable y sostenible, aunque impone costes inmediatos. Explicar ese proceso no es complicado, requiere convicciones, credibilidad, dedicación e inteligencia. Requiere cooperación de expertos, administraciones y de la industria. Lo que está ocurriendo en España con las tarifas eléctricas es deprimente, indica incompetencia y torpeza. La industria no puede cargar contra el gobierno con amenazas vanas porque poco tiene que ganar. Y cargando contra el industria el gobierno incurre en estéril populismo.

Hoy no se pueden cerrar las nucleares, sería un desafío inaceptable que justificaría medidas intervencionistas tan severas como justificadas.