Calviño y los beneficios “excesivos”

La vicepresidenta Calviño sostiene que la rebaja del precio de la electricidad va a salir de los beneficios “excesivos” de las compañías eléctricas. Pues amén, señora vicepresidente; solucionado el problema. Cabe preguntarse ¿cómo es que no actuó antes? ¿cuándo ha detectado el exceso? ¿cuánto exceso?

La señora Calviño no es una política profesional con tendencia bocachanclas, su trayectoria es de funcionaria de alto cuerpo en España y en Europa, por tanto exigida de rigor argumental, de conocimientos y fuste. Su afirmación sobre los beneficios “excesivos” es llamativa. ¿Cómo se concluye que unos beneficios son excesivos? ¿cómo mide? ¿cuál es el porcentaje que enciende la luz roja? ¿qué parámetros utilizará para obtener la señal?

Los beneficios de las eléctricas españolas, sobre todo de las grandes, son conocidos, así como la composición de sus balances y cuentas de resultados. De manera que disponemos de muchos datos para obtener conclusiones. Datos que requieren análisis fino ya que esos balances son complejos por su propia naturaleza.

Aparentemente beneficios mil millonarios en euros de compañías como Iberdrola, Endesa o Naturgy parecen llamativos (excesivos en boca de la vicepresidenta) pero comparados con las cifras de facturación, de capitalización, de activos… pueden no serlo. Rendimientos del orden del 3 al 6% en cada uno de esos conceptos colocan las cosas en su sitio.

En cualquier caso nadie mejor que Hacienda o los demás ministerios concernidos que, disponen de toda la información a, pueden calificar donde hay excesos, cuánto es el exceso. Además, cuentan con capacidad legislativa y ejecutiva para poner orden. El beneficio “excesivo” (siempre que tengamos claro el exceso) roza el delito de forma inevitable, de manera que la señora Calviño ha lanzado una piedra que debe tener consecuencias.

Lo interesante es que la vicepresidenta ha localizado el problema y tiene a mano la solución. De ella depende. Aunque también puede que sus palabras sean un exceso y no supongan ni identificación del problema ni solución, solo “flatus vocis”, es decir palabras sin contenido.