El compromiso de Sánchez con la luz

Durante la otra crisis Zapatero descubrió la prima de riesgo como pesadilla. La incorporó a sus referencias hora a hora y se hizo consciente de que le llevaba al abismo; por eso tomó las medidas de mayo (ajustes del gasto) que le condujeron a perder las elecciones. Las perdió no tanto por las medidas cuanto por lo mal que se explicaron y gestionaron. Había perdido el control extraviado por la dichosa prima y las presiones de sus mayores, del chino al norteamericano y los europeos.

Algo semejante está ocurriendo con los precios de la electricidad. La confusión entre el precio mayorista y la factura mensual de la luz ha generado una sensación de encarecimiento extraordinario de la electricidad muy jaleada por los medios (especialmente las televisiones) y por las organizaciones de consumidores y otros grupos de presión que encontraron un filón en el tema para multiplicar su activismo. Frente a todo ello el ministerio responsable ha navegado entre la irrelevancia y la inconsistencia y el sector se ha callado por temor a molestar o meter la pata.

El presidente Sánchez, que es más estudioso de lo que sus adversarios le atribuyen, decidido entrar en el tema cuando percibió que se convertía en una potente arma política de desgaste del gobierno. Reclamó informes y los ha estudiado lo suficiente para detectar que hay mucho de tormenta de verano con desenlace previsiblemente satisfactorio en el medio plazo.

Lo apuntan los precios de futuro y, sobre todo, los desarrollos tecnológicos en curso para producir electricidad más barata, para trasportarla e incluso para almacenarla. Cuando Sánchez se compromete a que la media del coste de la electricidad de este año no sea superior al de 2018 cuenta con razonables garantías de cumplir. Aunque queda poco tiempo para acabar el año dispone de medidas para conseguirlo.

Más aun, podría haber comprometido que en el próximo quinquenio (2022-27) el coste de la electricidad para las familias será cada año menor con garantía razonable que así va a ser. De lo que no habla nadie ahora es del precio del gas para consumos domésticos especialmente calefacción, que está mucho más amenazado de subidas importantes en el inmediato futuro sin perspectivas de mejoras futuras. El gas también forma parte de la agenda de la “pobreza energética” y pronto tomará el relevo de la tarifa de la luz en la agenda social y política.