Un mediador para el CGPJ

En Europa conocemos casos de bloqueo para formar gobiernos de hasta un año o más y los Estados han seguido funcionando con razonable normalidad. Holanda, Bélgica, Italia e incluso Alemania han mantenido bloqueos hasta formar coaliciones de gobierno durante muchos meses. En España ocurrió otro tanto durante la agonía/anomalía electoral del 2019, de manera que ya tenemos experiencia. Pero que esas dificultades se trasladen del ejecutivo a los otros poderes no es frecuente.

Los mil días de bloqueo en los relevos preceptivos del Poder Judicial y de más de un año de tres miembros del Constitucional, incluidos presidente y vicepresidenta, constituyen una anomalía democrática, un quebranto constitucional y una evidencia de que las cosas van mal, que los políticos no son capaces de hacer lo que deben.

Varias tentativas de cerrar un acuerdo al modo tradicional para renovar el gobierno de los jueces han fracasado en la recta final por errores de juicio y de propósito; errores graves en todos los casos por intolerancia y/o por cálculos de influencia injustificables y, en muchos casos poco fundados. Los dos partidos centrales de gobierno han fracasado, no han sido capaces de componer una lista suficiente. Han fracasado en la forma y en fondo, lo cual no es raro ya que en casos anteriores tampoco fue sencillo llegar a un acuerdo. Pero en esta ocasión se han superado todos los límites soportables.

El curso judicial se abre esta semana con un acto formal, litúrgico, en el que se escenificará el bloqueo, pero no una alternativa de normalidad democrática. Hasta ahora han sido varios escuderos de los presidentes de los dos partidos centrales los que han intentado componer un acuerdo y han fracasado: los jefes no han dado el visto bueno. La responsabilidad corresponde a Sánchez y a Casado, más de éste que al otro, ya que el del PP ha sido más confuso y más obstruccionista. Pero sea cada uno más o menos responsable, el fracaso es de ambos.

Llegados a este unto deberían explorarse otras fórmulas, procedimientos más pragmáticos para llegar a un compromiso. Uno de ellos sería recurrir a algún(os) mediador(es) respetables y respetados que a modo de árbitros forzosos podrían proponer a los políticos la mejor lista de candidatos razonables, incluso una lista del doble de los precisos con objeto de facilitar el punto final con normas claras para llegar a un acuerdo. La democracia española no debería permitir un bloqueo perpetuo que perjudica su reputación y produce descrédito. Sánchez y Casado tienen que dar la talla y deshacer el embrollo, salir de su zona de confort y resolver el problema.