Podemos contra la Corona y las togas

Estos días, para ocupar espacio mediático, las gentes de Podemos arremeten contra la Corona con la coartada del año que el exrey Juan Carlos lleva en el Golfo Pérsico. La noticia sería que no lo hicieran. En el objeto social de Podemos cuenta desmontar el sistema constitucional empezando por la figura de la Corona en la cabeza del Estado. Cualquier argumento es bueno para ese objetivo, incluida la comparación de Juan Carlos con Luís Roldán y otras extravagancias del mismo cariz. Nada nuevo, va de oficio, aunque el resultado es muy discutible ya que produce un efecto contrario al pretendido ya que la valoración de la Corona mejora desde un año en todas las encuestas.

El prestigio del anterior Rey Juan Carlos está bajo mínimos y no es probable que mejore en el corto plazo ya que le sobran enemigos, incluida su viaja amiga Corina Larsen, ni causas para propiciar noticias llamativas. Pero esos rotos no deterioran la imagen del sucesor que se esmera más que nunca es trasladar serenidad, normalidad y razonable austeridad. La aceptación en la calle del Rey es evidente, mantiene una magia aderezada por hábitos bien aprendidos que la alientan. No es nada raro en la historia de España que tiene casos sobrados de reyes querido y odiados por turno y, en ocasiones de forma simultánea.

El otro mantra de las gentes de Podemos son los jueces, a los que llaman “togados”; les ven como obstáculos insalvables para acaparar poder, para alcanzar la hegemonía. No importa la causa ni el contenido, pero las decisiones judiciales son sometidas a crítica sin distinguir entre el Constitucional, el Consejo del poder judicial y los tribunales de distinto rango, todo es lo mismo y recibe crítica hagan lo que hagan y sobre todo cuando alguien de Podemos está sometido a causa.

Cuando emergió Podemos a la vida política como fuerza representativa de un sector de la población sus adversarios se llamaban “casta”, entendida como esas gentes que mandan y oprimen., los que viven mejor que los demás y acaparan poder. El concepto tuvo éxito, pero era caduco, carecía de resistencia o continuidad. Sobre todo cuando los propios dirigentes de Podemos ascendieron a las condiciones de esa “casta” con legitimidad y sin sonrojo.

El concepto de casta se concreta ahora en la Corona y en los togados; desmontar esas instituciones para someterlas “al pueblo” forman parte de los objetivos centrales de Podemos. Es legítimo, les ampara la libertad de una democracia poco militante en su propia defensa (quizá por su propia fortaleza) pero no es noticia ya que se trata de algo conocido, reiterado y frecuente. Que sea llamativo no quiere decir que sea importante, lo cual no es óbice para que entre en todas las escaletas como si se tratara de una información forzosa, como la meteorología, las pasarelas o los goles.