La bilateral y el postureo

Se reconoce como “postureo” a la actitud artificiosa e impostada que se adopta por conveniencia o presunción. Una definición que se ajusta como guante a mano a lo ocurrido en la bilateral entre los gobiernos de España y de Cataluña. Una reunión con muchos participantes, hasta dos decenas, sentados frente a frente para producir la foto preceptiva para los noticiarios. Postureo muy habitual en las pseudo conversaciones políticas que menudean por estos lares.

La bilateral se inscribe en la estrategia de deshielo en las relaciones del gobierno independentista catalán con el gobierno socialista federalista y multinivel español. Normalización de relaciones dice la portavoz del gobierno de Sánchez, reivindicación histórica y política para los catalanes.

Los discursos de los portavoces de cada parte tras la reunión apuntan a que estuvieron en citas distintas y vividas de forma muy diferente por cada uno de ellos. El gobierno Sánchez presentó como resultado concreto de la sesión, aparte de acordar el traspaso de la gestión de la becas por razones de eficacia (para tan poco no hacía falta una reunión de tantos) el acuerdo de una inversión de 1.700 millones de euros para ampliar el aeropuerto de Barcelona.

La portavoz del gobierno español se esmeró en explicar lo que significa semejante inversión en términos de empleo y de creación de riqueza atendiendo al papel que le habían preparado leído con dudosa convicción sobre lo que decía tomado de un estudio de parte más especulativo y propagandístico que otra cosa.

Lo llamativo es que la relación entre la inversión de AENA en El Prat y las competencias de la bilateral es distinta y distante. La ampliación de El Prat es un proyecto que viene de años atrás, diseñado por AENA y el ministerio de Transportes en la etapa PP que requiere un largo recorrido de autorizaciones europeas, nacionales, municipales y, finalmente la decisión de AENA que es una empresa pública y cotizada en bolsa, con accionistas multinacionales que son los que deben aportar los recursos para la inversión que se amortiza finalmente con tarifas que pagarán las compañías aéreas que repercutirán el coste a los viajeros.

El compromiso asumido en la bilateral sobre AENA y El Prat es de intenciones, de muy escasa efectividad y sin consecuencias, más allá del ruido del anuncio durante unas horas. Responde a las habituales perversiones política de confundir y aparentar, mero postureo.

De hecho, el asunto de la ampliación de El Prat se trató en otra reunión previa a la bilateral entre la nueva ministra de Transportes (antes alcaldesa de Gavá, población vecina del Prat) y el vicepresidente de Cataluña de la que no se tenía noticia previa. La ampliación del aeropuerto requiere visto bueno de la Comisión Europea por razones medioambientales y de los ayuntamientos afectados que, de momento no son partidarios. Los empresarios catalanes son muy partidarios de la ampliación; AENA, que es responsable de la inversión y gestión, también. Pero no existe garantía de éxito.