Entre el CIS y GAD3, ¿de quién fiarse?

Las encuestas electorales son estimaciones, fotos fijas de un estado de opinión, de posibles intenciones de voto. Pierden fiabilidad a medida que se alejan del día electoral y de la cercanía de una campaña, pero marcan tendencia y, sobre todo, influyen en los políticos ofuscados siempre con sus expectativas electorales. Dedicados a ese trabajo prospectivo hay una docena de empresas privadas que trabajan para todos los partidos y para entidades interesadas en conocer el pulso de la opinión pública y las intenciones de voto de los ciudadanos. Además hay entidades públicas, del Estado, tanto a nivel nacional (CIS) como autonómico que se dedican a lo mismo con cargo al Presupuesto.

Hasta fechas recientes el CIS acumulaba experiencia y prestigio, sus encuestas y los datos de detalle (microdatos) servían a los demás empresas de sondeo para afinar sus previsiones y fundamentar sus conclusiones. Desde la llegada de Félix Tezanos al CIS el buen entendimiento entre el organismo público y el sector se ha complicado, el CIS va por su lado y cambia sus criterios a cada rato en defensa de la estrategia de su director, militante activo del PSOE, insensible al principio de neutralidad y al conflicto de intereses en su trabajo público. Una aplicación estricta de la ley de incompatibilidades plantearía a Tezanos algunos problemas irresolubles, pero el rigor de la ley se alivia con su incumplimiento.

Esta semana hemos conocido dos encuestas contradictorias, la una del CIS de Tezanos, y la otra de GAD3, que dirige Narciso Michavila principal crítico del dirigente socialista que encabeza el CIS. Las diferencias entre ambas son abismales, tanto para concluir que o una de ellas carece de fiabilidad o las dos.

Una tentación inmediata apunta a que cada una de las encuestas sirve a un interés, la del CIS al Gobierno y la de GAD3 a la oposición. Pero es demasiado simple aunque tenga buena parte de sentido y razón. El CIS tranquiliza al gobierno y le traslada una impresión de fatiga pero de resistencia, es decir que el gobierno de coalición en dos fases (primero de gobierno y segundo de alianza parlamentara con independentistas) mantiene expectativa de recuperación. El trabajo de GAD3 lleva a otra conclusión: el gobierno no repetirá mandato y la derecha dispone de expectativa de mayoría suficiente.

¿A quién creer? Es evidente que el gobierno no las tiene todas consigo ya que Sánchez ha procedido a una reestructuración mayor y se propone a hacer otro tanto en el partido. Una señal de debilidad. Simultáneamente los aliados necesarios de ambos partidos (Podemos y Vox) suben sus exigencias bien sea para aparentar menos debilidad de la que apuntan las encuestas o porque perciben retroceso de los aliados naturales.

Lo más probable es que los dos partidos de gobierno están débiles, decepcionan a los votantes dudosos y no convencen ni en su labor de gobierno ni en la de oposición.