Los interinos merecen más respeto

El gobierno sacó por los pelos (un voto en segunda votación) la aprobación del decreto ley (que será tramitado como proyecto de ley sometido a enmiendas) que abre la puerta para que hasta 800.000 empleados públicos interinos, precarios, lleguen a consolidar su empleo con contratos estables. Los gobiernos (estatal, autonómicos y locales) han usado y abusado de los interinos desde hace décadas hasta tal punto que la Comisión Europea y los tribunales han advertido que la situación era insostenible, una irregularidad que visos de dolosa.

No es novedad, el problema se viene arrastrando de forma crónica desde hace muchos años, especialmente en sanidad y educación. En honor del ministro Iceta, en su breve paso por Administraciones Públicas, hay que destacar que afrontó el problema, propuso alternativas, negoció con los sindicatos y llevó al consejo de ministro un decreto ley para corregir la anomalía.

Se puede discutir si la propuesta es la mejor de las posibles, si el gobierno ha pecado de arrogancia (algo que le caracteriza) al no negociar con los grupos parlamentarios, especialmente con sus aliados, pero lo evidente es que el problema es serio, es urgente proponer soluciones y todos esos empleados precarios merecen respeto y alternativas.

Que el decreto saliera aprobado por la mínima y tras arreglos de última hora que tienen riesgos de inconstitucionalidad indica la falta de respeto de los legisladores por los interinos. Este es el típico problema que requiere soluciones consensuadas y responsables; que no contentarán a todos, no es posible hacerlo ay que la casuística es de imposible conciliación, pero que exigen aprobación mayoritaria que evite la confrontación partidista en un asunto de justicia que emborrona la gestión de varios gobiernos de varios partidos.

Este no es un asunto ideológico ya que se trata de una irregularidad, denunciada por Europa y por los jueces, que se debe corregir con acuerdos muy amplios. Hay razones para estimar que el decreto aprobado tiene agujeros y chapuzas que habrá que corregir en el debate de la ley que debe mejorar el decreto- Hubiera sido catastrófico rechazar el decreto una vez presentado y pactado con los sindicatos. El gobierno acierta al afrontar el problema, se equivoca al no haber afinado el texto y pactado su contenido para lograr una mayoría amplia, la que merecen esos cientos de miles de interinos sometidos al desdén de su empleador.