El Gobierno suspendido en legalidad

Un viejo principio del buen gobierno (y del periodismo) dicta que en la duda conviene abstenerse, es decir comportarse con prudencia porque no hay mejor solución a un problema que evitarlo. Los decretos de alarma tenían un riesgo de inconstitucionalidad, advertido desde primera hora; con división de opiniones entre los constitucionalistas, pero con expectativas fundadas de que no fuera la norma adecuada. No lo ha sido, por poco, por 6 a 5, pero la mayoría decide que la norma elegida no es constitucional y no hay recurso posible ni vuelta atrás.

El gobierno responde que estamos ante una decisión “inédita” (nuevo, no publicado); pues claro, obvio; el calificativo no añade nada, es tan inocuo como inicuo. Peor aun, apunta que el gobierno va muy flojo de legalidad, y de realismo. Quizá los del gobierno pensaron que los del Constitucional no se atreverían a tumbar (derogar) una norma tan relevante como los confinamientos a través del estado de alarma.

Los magistrados han hecho una lectura más jurídica que política, más estructural que coyuntural y han decidido lo que les parece más ajustado en derecho. Discutible, pero el juego democrático establece que una mayoría de magistrados es la que interpreta la Constitución.

Significa un duro suspenso al gobierno, especialmente a la exvicepresidenta Calvo que es la que ha llevado el peso jurídico y la discreta e intencionada presión sobre el Constitucional para evitar el suspenso. Tampoco sale bien librado el abogado Bolaños, que como secretario general del gobierno y abogado de cabecera de Sánchez debería haber advertido de los riesgos y recomendado prudencia.

La peor consecuencia de la sentencia es el desprestigio del gobierno, que tratará de esquivar cargando contra el Alto Tribunal al que algunos acusarán de parcial y politizado. Es decir, porquería para escurrir la responsabilidad del gobierno que es el causante del desastre. No es este el primer revés legislativo del gobierno; son varios los patinazos con leyes apresuradas, arrogantes o abusivas. Demasiado errores sustanciales, de concepto, de los que debilitan la democracia ya que van contra el imperio de ley, y del principio de contención en el ejercicio del poder.

Dicen que el presidente estaba cansado de la arrogancia y la incompetencia de Carmen Calvo, pero que eso no se puede decir en público. Los errores de Calvo lo son de su jefe, del presidente que es el primer responsable de las decisiones del consejo de ministros. Pero no pasará nada, más recursos contra sanciones, algunas reclamaciones más o menos justificadas contra el Estado. En resumen, ruido y furia que no produce bien alguno.