Bolaños, el mejor yerno

No se qué piensan los suegros de Félix Bolaños de la pareja de su hija pero si escuchan y leen lo que se dice de él estos días tienen que estar muy satisfechos. De este tipo todos hablan bien, los que le conocen de cerca y los que van de oídas: leal, trabajador, negociador, educado, fiable… no abunda ese género en política de manera que atención al personaje.

Aunque tiene el rango de ministros es evidente que va a ser personaje clave del gabinete por el que tienen que pasar todos los temas con la ventaja de que conocer bien al presidente y de ser, probablemente, el que más sopla a su oído. De manera que solo debe temer que el jefe se canse de él, que suele ser siempre una tentación irresistible de los jefes, desprenderse de los más cercanos, por si acaso o porque forma parte de la naturaleza de las cosas que el escorpión pique incluso a su salvador.

Acostumbrados a políticos sin carrera profesional, ni oficio, ni beneficio, que simplemente con trayectoria de partido escalan a los puestos de gobierno el caso de Bolaños es distinto. Es persona de partido, de militancia y trabajo en la base, pero también con trayectoria profesional acertada tanto en un despacho como Uría-Menéndez donde no se llega ni medra sin mérito, como en el Banco de España adonde no se ingresa sin credenciales.

Bolaños se convirtió en abogado de cabecera de Sánchez cuando no era casi nada en el partido y le ha acompañado desde entonces con discreción y eficacia, sin dar codazos y sin escurrir el bulto. Por tanto, tiene mérito, aunque eso no se lleve; y además experiencia política y administrativa. Durante los últimos tres años ha estado en las entretelas de todos los temas de gobierno y ha tratado con todos los protagonistas de la política tanto socialista como aliados y oposición. De manera que conoce el paisaje, el paisanaje y las agendas. Un mirlo blanco, el yerno ideal, el colaborador deseado.

La única pega es que tanta perfección inquieta. ¿Dónde está el fallo, cuál es el truco? Cuantos le han tratado de cerca hablan bien de él, lo cual no es muy normal. Además, es humilde y discreto. Ahora tendrá que mostrarse, dar la cara, sufrir los focos. Se sabe el guion, pero tiene que salir a escena y mostrarse.