Sánchez, alta combustión ministerial

Pedro Sánchez ha cumplido tres años al frente del gobierno tras una moción de censura exitosa y dos elecciones generales con mayorías suficientes tras coaliciones de distintas intensidad con otros grupos a la izquierda. A lo largo de 37 meses ha designado a 38 personas para ocupar una cartera ministerial, algunas de larga y novedosa denominación. Ha tenido ministros por días, por meses y por poco más de un año. De los iniciales le quedan siete y mañana recibe a otros siete recién designados. No hay precedentes de semejante combustión ministerial. Hay carteras (Cultura y Sanidad) por las que han pasado cuatro titulares sin que ninguno de ellos haya marcado una huella apreciable.

Tanta rotación indica por un lado determinación por parte del presidente del gobierno que despide con facilidad; también poca cabeza a la hora de elegir colaboradores y de confiar en ellos. Sin perder de vista la hipótesis de que este señor es un sobrado que estima que todo empieza y termina en su persona y que los demás son sustituibles.

La continuidad, la consistencia, suele ser un activo en política y en la vida. También lo es rectificar a tiempo cuando se incurre en error o extravío. Esta segunda tesis no cuadra con Sánchez ya que no se le recuerda que haya aludido a equivocación alguna. Casi todo lo que hace carece de precedentes (también la combustión de ministros), habitualmente anda dando lecciones a los demás (los demás países nos observan) y suele anunciar la enorme oportunidad a la que se enfrenta sin entrar en más detalles.

Habrá que escuchar las explicaciones que rinda ante el Parlamento para presentar al nuevo gobierno y confiar que vaya un poco más lejos en contenido del que destapó el sábado en su declaración-recitado del nuevo gabinete. El argumento del rejuvenecimiento y de la cuota femenina es demasiado pobre como insistir en ello.

Lo que ha quedado claro es que este presidente sabe despedir, que lo hace con naturalidad y sin miramientos, no es presa de la indolencia de Rajoy ni de la resistencia de González a dar malas noticias a sus ministros. Como ha fulminado a Iván Redondo recuerda a Trump y a Boris Johnson despidiendo a sus equivalentes. Queda por despejar si Redondo va a resistir la tentación de contar las interioridades de su periplo con Sánchez que, sin duda, serían muy ilustrativas y jugosas.