Una crisis política sin relato

La justificación que ha dado a los españoles Pedro Sánchez para la más amplia remodelación del gobierno roa lo inverosímil por irrelevante. “un gobierno más joven y más feminista”, dice el presidente; olvida que el gobierno anterior, que no ha llegado al ecuador de la legislatura ya era muy joven y muy feminista. No hay causa para enfatizar esas características que, en sí mismas, significan poco. La otra razón dada por Sánchez es que incorpora experiencia de gestión municipal con tres alcaldesas de pueblo cuyo mérito más sobresaliente es el carnet del partido.

De manera que tiene que haber otras causas para tanto despido y tanta contratación. Es obvio que el presidente tiene facultad constitucional que despedir y nombrar ministros, para conformar el gobierno que le plazca. Pero también es cierto que los actos de gobierno en democracia, por imperfecta que ésta sea, requieren justificación, explicaciones. Habrá sesión parlamentaria para informar de esta crisis a la que el presidente puede añadir argumentos de más calado de los dados a primera hora de esta tarde. Además habrá que esperar las primeras declaraciones de los nombrados y de los despedidos para entender que ha pasado por la mente del presidente para una crisis tan amplia.

No se puede decir que se trata de una rectificación ya que nada lo avala. Sánchez ha aludido a un impulso para la recuperación, pero sin argumentación que lo sustente. Las cualificaciones de los nuevos ministros son mediocres, casi todos los nuevos van a tardar unos meses en ponerse al día, en estudiar y aprender los expedientes. Cuando se enteren se habrá pasado el arroz de la legislatura para entrar en fase puramente electoral.

La lógica de la crisis no se percibe, más aun ante el hecho de que los ministros de la cuota Unidos Podemos permanecen intocables acreditando que el Presidente lo es de dos tercios de gobierno, que ha renunciado a una parte de sus facultades exclusivas, cedidas a su socio de coalición.

Si queda claro que en el Partido Socialista manda Sánchez sin sombra alguna de contrapeso, lo cual apunta a que una vez que palidezca la figura, que es ley de vida, el partido entrará en una fase de obscuridad y confusión hasta que enderece otro liderazgo. Es difícil de entender que permanezcan tres vicepresidentas, todas ellas en el ámbito económico. Se percibe un vicepresidente tácito pero efectivo en el ministro de la Presidencia sobre el que recaerá la tarea de coordinación. Y al mismo tiempo se apunta un debilitamiento del que ha sido eje del poder en la jefatura de gabinete del Presidente. Iván Redondo parece abrasado tras haber dispuesto de un poder sin precedentes. ¿Qué lleva a semejante volantazo? La explicación de que las tensiones, lógicas,  entre Calvo, Redondo y Ábalos, las resuelve Sánchez en clave franquista: todos a la calle. Pero es demasiado simple, irresponsable.

Pudiera ser que Sánchez, cada vez más viajero (síndrome típico de los presidentes que empiezan a aburrirse) se sienta tan seguro de si mismo que incurra en la inmodestia del yo solo que los arrollo. En resumen una crisis sin relato asumida por alguien que vive en el relato coyuntural, en ese marxismo del “estos son mis principios, pero si hay que cambiarlos, se cambian”.

Coda: consolar a Iceta con Cultura y Deporte dejando la política territorial resulta asombroso. Ver para creer, vale aquello de ministro… aunque sea de Marina. La gestión de la crisis huele muy franquista, muy autoritaria, por ser NOS quien SOMOS.