La credibilidad de Sánchez

La pantalla de los indultos está amortizada salvo un muy improbable revés judicial tras los recursos de los partidos de la oposición. El gobierno Sánchez ha ofrecido un gesto a los independentistas, que no ha tenido ningún reconocimiento en público, con evidente coste político tal y como se muestra en las encuestas. Por primera vez desde hace dos años el PP va por delante del PSOE en los sondeos, aunque este sea un dato poco relevante por ahora. El desgaste socialista es, quizá menor del temido por los estrategas de la Moncloa que confían en remontar a medida que la economía mejore.

Además, tanto en la zona disidente del socialismo como en grupos sociales y profesionales se han aceptado los indultos como mal menor, como camino estrecho e incierto para serenar, pacificar y volver al diálogo con los independentistas. Una tregua para Sánchez, aunque sea provisional y temporal, lo cual es valioso para su formar de hacer política.

Lo que se discutió en el Parlamento el miércoles no fueron los indultos (son hechos consumados) sino el contenido de la negociación entre Sánchez y Aragonés-Junqueras. El tema de fondo es el planteado por los independentistas es la autodeterminación, uno de los tabúes del independentismo que tratan de sustentar en un inexistente derecho internacional.

Sánchez fue contundente en el Congreso: ni hablar de autodeterminación, no es posible. En este punto su posición es la misma que la de Rajoy (ni puedo, ni quiero), para el PSOE sería un suicidio asumir ese camino y Sánchez lo sabe. La cuestión radica ahora en cuál es su modelo, ¿tiene una hoja de ruta, sabe adónde quiere ir? Para eso no hay respuesta; sus defensores sostienen que la estrategia del PP fue ruinosa y que cualquier otra tiene más posibilidades. No les falta razón y evidencia, pero no hay esquema y cualquier solución pasa por consensos amplios que hoy no se vislumbran.

El Congreso dejó claro el martes que la credibilidad del Presidente es muy escasa, ha reducido la oposición interna socialista pero sus aliados parlamentarios y de gobierno, los que le sostienen, le tienen poco aprecio, le apoyan por necesidad, para evitar males peores y pueden dejarle solo cuando les convenga.

Sin credibilidad no se llega muy lejos, no más allá del día a día, de un acuerdo mínimo sobre pensiones que tiene el único mérito del puro acuerdo, de la escenografía en la Moncloa para aparentar. El diálogo es un valor instrumental, sirve para llegar a acuerdos y apuntalar la credibilidad. Y de eso se nota muy poco.