Los obispos predican lo que no practican

Las declaraciones de los obispos españoles fueron en otros tiempos influyentes y llamativas, pero han perdido fuerza con el paso del tiempo así como por sus propios deméritos. Cada vez son menos relevantes, casi marginales; la propia personalidad de los prelados sufre pérdida de prestigio y presencia pública. Bastante tienen con cuidar sus decrecientes parroquias como para aspirar a mantener la influencia social que tan poderosa fue en otros tiempos.

Con motivo de los indultos a los insurrectos catalanes y como consecuencia de una presión institucional a la que no son ajenos ni el gobierno ni los independentistas, los obispos catalanes se pronunciaron a favor del perdón y la misericordia. No constituye una sorpresa esa posición como tampoco la de los obispos vascos del pasado con su asquerosa complicidad con el terrorismo, revestida siempre de comprensión, concordia y perdón. Tampoco sorprende que el pleno de la Conferencia Episcopal marque distancia con los obispos sensibles al nacionalismo para situarse en territorios más ambiguos, a veces, o más españolistas en otras ocasiones, por ejemplo el cardenal Rouco y su identificación de España con la Iglesia católica.

 

Ahora la permanente del episcopado fija una posición ambigua, equidistante, pero comprensiva con sus colegas catalanes. Invoca al diálogo, al respeto a la ley, a la misericordia y el perdón, al respeto a las distintas sensibilidades. En resumen, un SI, pero NO; pasteleo con todas las posturas sin asumir ninguna de forma inequívoca. Muy episcopal.

Las invocaciones al diálogo y el respeto a la ley deberían empezar en casa, es decir con la práctica de esos valores en lo cotidiano. En las virtudes del diálogo, del sometimiento a la ley y el respeto a las distintas sensibilidades, los obispos tienen mucho recorrido por hacer y por acreditar. La Iglesia Católica, su episcopado, tienen recorrido hasta llegar a entender la igualdad de derecho de las mujeres y de los diferentes. Divorcio, eutanasia, aborto, modelos de familia, sexualidad… son asignaturas que requieren diálogo, respeto a las leyes y a la diferencia, comprensión, tolerancia… y realismo.

Se entiende que los obispos se protejan frente a gobiernos decididos y poco simpatizantes. Tienen mucho que cuidar en el ámbito fiscal y patrimonial. Por eso sus declaraciones acaban siendo ambiguas, pasteleras, acomodaticia y finalmente irrelevantes.