La debilidad del Gobierno, según Junqueras

Oriol Junqueras es uno de los “grandes electores” de la política española que desde su despacho en la cárcel marca el ritmo de los acontecimientos; una carta suya entregada a dos medios informativos, previo pacto de procedimiento con el gobierno, ha servido de coartada y argumento para justificar los indultos a la plana mayor de la insurrección catalana del 2017. Unos indultos convertidos por el gobierno en sillar sobre el que sustentar lo que llama “reencuentro” con la sociedad catalana, más en concreta con su mitad independentista.

A renglón seguido de su escrito pactado Junqueras ha interpretado la causa por la que se llega a ese posible o presunto “reencuentro”, que no es otra que la debilidad del gobierno Sánchez. Otros intérpretes del independentismo añaden el argumento del temor a que instancias europeas, de más o menos fuste, critiquen la sentencia del Supremo calificándola de injusta o excesiva. Este último argumento confunde deseos con realidades, la tentación de recurrir al apoyo externo por parte de los indepes es perpetua; en su día sostenían que su declaración unilateral provocaría una insoportable caída del rating de la deuda española que obligaría al gobierno Rajoy a negociar y asumir la independencia. Ese era el suelo, el deseo; la realidad fue que lo único que cayó fue el rating de la deuda catalana convertida en basura rechazada por todos los inversores. Si desde entonces la Generalitat puede atender sus pagos es por el crédito incondicional del Reino de España.

No obstante, la tesis Junqueras sobre la debilidad del gobierno, es interesada para justificar una estrategia de negociación alejada del unilateralismo pactado con sus socios, y merece algún ejercicio de verificación. Desde luego que el de Sánchez es un gobierno débil desde su primer minuto, desde que ganó la moción de censura a Rajoy en junio del 2018, hasta que logró la investidura del primer gobierno de coalición socialcomunista a finales de 2019; y desde entonces hasta hoy. Un gobierno débil que tiene que negociar cada decisión y tragar con no pocas exigencias de sus socios, pero al mismo tiempo un gobierno imbatible por ausencia de alternativa. Algo así como un enfermo perpetuo que goza de muy buena salud.

Los indultos aparentan hoy como una decisión trascendental, muy valiente, decisiva, que va a desbloquear la crisis catalana. Una decisión ante la que hay que pronunciarse y alinearse, en favor o en contra. Aunque en realidad, más allá de la propaganda y el relato, es una decisión instrumental, un ensayo para justificar otras decisiones de más enjundia.

Aquí sirve aquello de que bien empieza lo que bien acaba. Esa fue la excusa del presidente de la CEOE para aclarar su respuesta poco meditada a una pregunta en rueda de prensa improvisada. Si acaba bien (sin precisar que es acabar bien) los indultos habrán sido un hito positivo en el desencuentro de los catalanes. Aunque también es posible que se trate solo de una escaramuza más en la “conllevancia”, una patada adelante al balón para ir tirando. De momento mucho ruido, mucho relato, mucha literatura para que cada mochuelo siga en su olivo. Junqueras tiene razón, este es un gobierno débil, aunque duradero; lo mismo que Junqueras y ERC son débiles pero inevitables.