Sánchez en la Casa Blanca, algún día

El encuentro Biden-Sánchez ha sido un despropósito, pero no es para tanto; el perro se ha hinchado demasiado, tanto por la ingenuidad de la Moncloa como por la animadversión de sus adversarios. Pedro Sánchez, presidente del gobierno español visitará algún día la Casa Blanca, con más o menos ringorrango, pero por lo mismo que los anteriores presidentes españoles rindieron visita en Washington.

Suárez visitó dos veces a Carter; González cinco veces con Clinton, Bush Sr y Reagan; Aznar seis veces con Clinton y Bush como anfitriones; Zapatero estuvo con Obama el año 2009 y Rajoy dos veces con Obama (2014) y Trump (2017). Zapatero fue el más manifiestamente hostil y maleducado con los norteamericanos, lo cual no fue óbice para que Obama le recibiera. Sánchez no ha mostrado antipatía alguna por los Estados Unidos y se proclama leal aliado en la OTAN, para decepción de sus socios, de manera que no hay motivos para que, antes o después, la Casa Blanca le abra la puerta y ratifique las buenas relaciones de dos aliados sin llegar más lejos en los afectos.

Está en la naturaleza de las cosas que Sánchez visite la Casa Blanca, no por méritos personales, sino por ser el presidente de un gobierno aliado con importantes bases militares norteamericanas en su territorio. El tema no tiene más recorrido. Otra cuestión es que, aguas abajo, los ministerios de Exteriores (incluidos los embajadores), Defensa y Economía sean capaces de tejer líneas de puntos inteligentes con sus colegas del otro lado del Atlántico.

Hasta ahora la política exterior del gobierno Sánchez (que habla inglés) es la más pacata e irrelevante de la historia democrática, más aun que la de Rajoy que dejó el listón muy bajo, no solo con los Estados Unidos, también con el resto del mundo. El caso marroquí es especialmente clamoroso. Debería haber servido de ejemplo, caso práctico para una rectificación a fondo, pero no ha sido así.

Tanto en la Moncloa, con la más numerosa corte de asesores de la historia, como en Exterior la debilidad de la política exterior Sánchez es evidente, hasta constituir un problema. Ni siquiera en Europa, una plaza más sencilla y no menos importante, la diplomacia de la Moncloa tiene poco peso efectivo a pesar de ser el cuarto país de la Unión por demografía y economía.

Dicen que el interés por la política exterior de los presidentes llega al tercer año de mandato y, especialmente durante la segunda legislatura, cuando los asuntos nacionales les aburren. A Rajoy no le entró nunca ese interés y Zapatero tuvo un comportamiento errático y poco fiable. Sánchez debería haber rectificado, pero en lugar de cambiar esa tendencia la ha acentuado.

No obstante visitará la Casa Blanca y tendrá su foto en el despacho oval, está en la naturaleza de los cosas que así sea, aunque puede tardar un poco, cinco años de costó a Zapatero, que fue más hostil que los demás. El activo para compensar esa deficiencia se llama Felipe VI, pero esa es una baza que a Sánchez se le atraganta.