El Círculo de Economía, ¿madrileñofóbico?

El nacionalismo catalán vive afectado de victimismo, un síndrome que provoca responsabilizar a terceros de sus aflicciones. Va contra la inteligencia y el sentido común, pero es un sentimiento que lleva a tentaciones irresistibles. Si otros son los culpables de los males propios, la responsabilidad personal queda liberada. El catalanismo ha culpado de sus males, que les tiene como todo grupo humano, a los españoles; España es una palabra, un concepto, desagradable para los indepes, el eslogan “España nos roba”, carente de fundamento ahora más que nunca, fue uno de los ejes movilizadores durante los últimos años.

El lema ha pasado a mejor vida por falta de sustancia, pero se está sustituyendo por una madrileñofobia de sustitución, exportada al valencianismo y también a los de la la España vaciada. Isabel Díaz Ayuso ejerce de imán de esa madrileñofobia como consecuencia no buscada de su pretendida identidad política en contraste con el socialismo de Sánchez. Tan previsible como simple, pero lo simple conquista audiencias y conciencias; va bien al victimismo.

Lo llamativo ahora es que incurran en esas manías gentes como la directiva del Círculo de Economía, de matriz catalán, barcelonés por ser más precisos, abierta a gentes de otros lugares. Llamativo e inquietante porque indica que el virus se extiende e impone. El Círculo emitió he pocos días unas de sus “notas de opinión”, que suelen ser documentos interesantes y meditados sobre asuntos de actualidad. En este caso un documento de 3200 palabras (ocho folios) titulado. “Agenda reformista en beneficio de las nuevas generaciones”.

El documento se parece a otros similares de otras entidades reconocidas, que vuelve sobre puntos tan repetidos y certeros como poco atendidos por los gobiernos a los que se dirigen. Tras llamar la atención de arranque: “España volverá a salir de la crisis peor que sus homólogos europeos. La falta de políticas compartidas de largo alcance lastra el potencial de crecimiento”. Para de inmediato reclamar “reformas y unidad”. La realidad es que ni lo uno ni lo otro. Y sobre ello se extiende el documento que rezuma amargura y pesimismo.

Tanto el diagnóstico como las recetas que propone son las habituales, las que recomiendan buena parte de las instituciones que se dedican a analizar la realizar: mejor educación y sanidad; más productividad; eficacia del sector público; consolidación fiscal; seguridad jurídica; cooperación política; mejor gobernanza; política exterior… y finalmente, sugerencia de quien en esa onda, requiere a Madrid (curioso ente de razón) para que “sea consciente de que el efecto capitalidad le favorece… y que no debe actuar como aspiradora de recursos del resto de España”.

Madrid aspiradora (explotadora) de los demás territorios; ese es el nuevo mantra de los nacionalistas victimistas. Madrid es culpable, como Moscú era culpable de nacionalistas de otros tiempos. Lo sugerente es que un diario como La Vanguardia compró la mercancía en primera página a cuatro columnas con editorial añadido sobre la “macrocefalia económica de Madrid”. Del documento del Círculo esas seis líneas sobre Madrid eran lo más extravagante, extemporáneo y poco fundado. Un curioso pegote que de inmediato fue a los titulares.