Tenemos crisis de gobierno para rato

Alguien ha abierto una crisis de gobierno con intención no explícita. La noticia, globo sonda, intoxicación… (todo es posible) ha surgido de la nada, de fuentes habitualmente bien informadas que anuncian un cambio de ministros para refrescar, para encarar la segunda mitad de la legislatura, pero sin entrar en detalles. Los ministros se han dado por enterados sometidos al viejo principio de “Dios me lo dio, Dios me lo quitó, bendito sea su santo nombre”. En este caso se concreta en comentarios del tipo, el presidente sabe lo que hace y hará lo que sea conveniente. En resumen, Pedro Sánchez hará lo que le convenga y venga en gana; él quita, él pone.

Es evidente que hay ministros desgastados tras año y medio de legislatura, pero no más, ni menos, que en cualquiera de los gobiernos anteriores. Además, éste es un gobierno de coalición que suscribió un compromiso y un programa que está lejos del cumplimiento, lo cual obliga, en teoría, al presidente a compartir sus decisiones con los socios. Con Pablo iglesias había cierta confrontación, al menos en apariencia, gestualidad, conversaciones particulares para darse explicaciones, pero ahora ese no es el modelo de funcionamiento. Unidos Podemos es un sumatorio de varias tendencias y sensibilidades que tienen que acomodarse a la nueva situación sin el líder fundador. Entretanto Sánchez tiene manos libres, margen de maniobra para ejercer la presidencia sin demasiadas consideraciones al socio.

La ventaja de abrir una crisis de gobierno sin plazo de materialización es que entretiene mucho. A los periodistas, y a sus fuentes, les encanta la especulación sobre los ministros que salen y los ministrables que suben. Y los enredadores habituales gozan de oportunidades para darse de enterados y tratar de nominar o descartar candidatos. Toda una feria de vanidades y conspiraciones.

Colocar en la parrilla de salidas a los ministros europeos (Calviño y Escrivá) es desmedido, precisamente cuando se habilitan las ayudas europeas es cuando ambos ministros son avales necesarios. Arremeter contra Marlaska y González Laya es de oficio si se trata de renovar el gobierno, pero Sánchez puede tener tantos motivos para despedirlos como para confirmarlos. Y otro tanto para el cupo de Unidos Podemos que salvo el caso de la ministra de Trabajo han acreditado su carácter de jarrones chinos inoperantes.

Lo curioso es que desde la Moncloa se haya abierto una crisis de gobierno cuando el discurso oficial es de máxima autoestima y satisfacción por el trabajo efectuado; el mejor gobierno… el más progresista, el más feminista… Si tan buenos son, ¿para qué cambiar? Una explicación puede ser que se trata de animar el cotarro, de dar que hablar. Así que tendremos crisis para largo con mucho ruido y pocas nueces.