Tarifas eléctricas: instalados en la banalidad

La enésima revisión de las tarifas eléctricas aprobada por el gobierno estos días, aunque precisa de trámite legislativo en algunos de sus aspectos, discurre por semejantes caminos de banalidad como en otras ocasiones. No hay manera que los más autorizados, los que saben, es decir el ministerio y el sector eléctrico, brillen por su ausencia en los medios. Quienes concurren son las organizaciones de consumidores, con una visión y comprensión relativa del caso, y ciudadanos interrogados a pie de calle.

Una pregunta recurrente en medios audiovisuales estos días ha sido: ¿a qué hora va usted a apretar el botón de la lavadora o va a planchar? Como si esa fuera la cuestión central de la reforma de las tarifas y de los cálculos de costes que se modifican desde este mes. Lo de la plancha tiene además otra dimensión sugestiva como ha puesto de relieve la vicepresidenta primera del Gobierno: ¿a ver quién plancha y lava… cosa de mujeres? Es decir lectura de género a todas las horas del día.

Aunque el gobierno sostiene que el cambio de tarifa supondrá una rebaja del coste para los clientes, y que se notará de inmediato, la referencia más habitual en los medios es lo contrario: “tarifazo” es el calificativo del sector antigubernamental, mientras que del lado gubernamental destacan que las eléctricas ingresarán menos. Todo banal, incluso idiota (ignorante) a falta de explicaciones adicionales y racionales.

Uno de los ejes centrales del Plan de Recuperación y del uso de los fondos europeos para salir de la crisis es la renovación energética para reducir costes, ganar eficacia y contribuir al cambio climático. Plan verde de recuperación. Muy buenas intenciones que precisan detalle, explicaciones, complicidades, incluida la mentalización de los ciudadanos consumidores que tienen que poner algo de su parte para el logro de los objetivos.

Pero las voces que se escuchan en los noticiarios no son las de los que han preparado y adoptado las medidas. El silencio del sector eléctrico resulta asombroso, cuando tienen mucho y bueno que explicar y nadie puede hacerlo mejor que sus expertos. Y otro sí para el propio ministerio y sus altos funcionarios y expertos que han trabajado las decisiones.

El espacio lo ocupa la oposición con la retórica habitual de crítica incluso a lo que pueda estar bien hecho, además de coincidir con sus propias decisiones si tuvieran la responsabilidad de decidir. Un bucle destructivo, idiota que no genera confianza ni esperanza. La reforma del esquema eléctrico tiene sentido, está fundada y se puede defender si se sabe explicar y se concretan los objetivos. No se trata de regular los horarios de lavado y plancha, es algo más serio.