Marruecos intuye debilidad en el gobierno Sánchez

La casta dirigente marroquí, encabezada por el Rey, se ha sentido más fuerte que nunca desafiando a España y a la Unión Europea con decisiones difícilmente justificables que han sido condenadas en no pocas instituciones y cancillerías. Es obvio que Marruecos es una autocracia nada respetuosa con los derechos humanos, pero que la obviedad se afiance con hechos e imágenes como las conocidas estos últimos días complican la reputación de ese país que pretende ser uno de los más fiables del norte de África y del universo musulmán.

Muy fuertes deben haberse sentido los marroquíes para tomar las decisiones que han tomado; muy fuertes y, además, han percibido debilidad en el gobierno español, agobiado por problemas internos y con bajo perfil en el ámbito internacional, especialmente ante el gobierno norteamericano.

La reacción del gobierno Sánchez al desafío marroquí con la irrupción en Ceuta de hasta 10.000 migrantes irregulares, dirigidos y en algunos casos confundidos, fue firme desde primera hora. Entre los diez mil enviados a Ceuta por las autoridades marroquíes varios centenares de niños y adolescentes que dan la medida de la indecencia de las autoridades marroquíes. La operación no les ha salido demasiado bien a los marroquíes, ante el mundo han quedado como lo que son: una dictadura poco confiable. Pero también ha quedado clara su capacidad desestabilizadora, los problemas que pueden crear a España en situaciones límite.

La confrontación con España viene de lejos, desde la llegada de Sánchez al gobierno los marroquíes han ido midiendo la resistencia del vecino del norte a base de provocaciones calculadas que merecieron respuestas tan débiles como cautelosas. Marruecos ha creado un caso, un relato de desconfianza con el gobierno español hasta recurrir a medidas hostiles inaceptables.

Es obvio que desde una autocracia las posibilidades de molestar a los vecinos son permanentes- Lo demuestra a cada rato Turquía, que tiene en vilo a sus vecinos, especialmente a los griegos. Y ahora lo ha practicado Marruecos con un enfrentamiento directo y declarado con España y Alemania y un distanciamiento del amigo europeo tradicional, Francia. Al fondo los Estados Unidos que quieren contar con Marruecos en su estrategia global frente a los países musulmanes. Una posición que se tambalea por la arrogancia marroquí, a poco que Europa interese a los norteamericanos en el caso.

Marruecos se ha confrontado con Madrid cuando ha percibido debilidad en el gobierno español. Así ha sido en la historia y así será en el futuro. Oposición y gobierno deberían tenerlo claro y ajustar sus comportamientos al interés nacional.

El gobierno tendrá que acreditar firmeza, inteligencia, habilidad; y la oposición demostrar sentido de estado para saber que hay límites a la hora de desgastar al gobierno, que pueden salir trasquilados por imprudentes.