Aragonés no es vicario, es trujamán

Cataluña tiene nuevo presidente, Pere Aragonés, con el que el gobierno socialista quiere negociar el encaje de los nacionalistas catalanes en el constitucionalismo español. Esa es la pretensión socialista que anda lejos de la de Aragonés a la vista de su primer discurso presidencial, en el que ha dejado claro que su plan pasa por la amnistía, el referéndum y la independencia. Claro que una cosa es el discurso y otra son los hechos, una cosa es lo que se dice aquí y otra lo que se dirá allá.

Pere Aragonés no es un desconocido ya que antes de cumplir los 40 ya ha ejercido de conseller de Economía, vicepresidente y presidente en funciones… No es el líder del partido, ni siquiera del gobierno, pero es el “muy honorable president”, con todo lo que ello implica, que no es poco. ¿Qué tipo de presidencia va a ejercer Aragonés? Se verá y no conviene adelantar acontecimientos ya que la historia no está escrita.

En principio Aragonés llega por azar y necesidad (como casi todo en la vida) con una primera aproximación como vicario, como representante de otros con más derecho: del presidente en el exterior (Puigdemont) y del otro presidente imposible, el desobediente o sedicioso Puigdemont, que es el jefe natural de Aragonés, incapacitado para cargo público.

Pero quizá esa condición vicaria ha prescrito una vez que el Parlamento catalán le ha embestido y ha tomado posesión del despacho oficial del Presidente en la Plaza de San Jaime, ese despacho que estaba vacante desde que Puigdemont cambió de residencia.

Aragonés tiene una biografía breve, de urgencia. No da para más todavía. Por eso son interesantes las aproximaciones biográficas de los que están en la pomada. Me ha interesado la de Antoni Puigvert en La Vanguardia del sábado: la primera característica atribuida a Aragonés es que es “una persona razonable… razonablemente formado, razonablemente independentista, razonablemente lúcido… una razonabilidad que rezuma por todos sus poros”. Además es “discreto, y sabe combinar militancia y meritoriaje tecnocrático”. Y su “merito más destacable es haberse convertido en un muy razonable trujamán de Oriol Junqueras”.

Me dirán que quiere decir Puigvert con “trujamán” , una figura medieval que daba juego en el comercio y la diplomacia y que hoy debe entenderse como algo más que un intérprete, que un intermediario, o que un embajador. Una figura nueva en el juego del “procés”, un trujamán para encauzar lo encauzable, para obrar el milagro de ese entendimiento que muchos quieren, pero no van a reconocerlo, ¡estaría bueno!, ¡para eso no hemos llegado tan lejos!