El vecino inevitable y poco deseable

Las tensiones entre España y Marruecos son recurrentes y asimétricas; el provocador y exigente suele ser el del sur, por su unilateralidad y discrecionalidad. El vecino es inevitable, lo impone la geografía y la asimetría evidente, ya que las relaciones entre un estado democrático (España) y otro autoritario lo son por naturaleza de las cosas. La relación es complicada porque la capacidad de resistir y sufrir de los autoritarios es mayor; no dan explicaciones, actúan cuando y como quieren y tienen hábitos para disimular y trampear.

Entre ambos vecinos hay contenciosos perpetuos, desde los territoriales a los comerciales a los migratorios, agravado todo por el conflicto del Sahara que todo lo complica. España aspira a la tranquilidad, gestionada con templanza y buenas maneras que no son suficientes ya que los problemas internos del vecino actúan como aceleradores de conflictos.

El actual tiene una coartada, la del saharaui ingresado en un hospital español sin aviso ni explicaciones. Pero también unos precedentes, la sensación del gobierno marroquí de estar amparado por los Estados Unidos tras el reconocimiento de Israel. Una decisión que provoca tensiones internas en Marruecos cuya población tiene lógicas simpatías por la causa palestina a la que el gobierno ha dado de lado.

Para encubrir ese problema nada mejor que una tensión con el vecino del norte, fácil de provocar con simple indolencia fronteriza. En otro momento y circunstancias la provocación llegó con la ocupación de un peñón irrelevante denominado Perejil. Tuvo que intervenir, a regañadientes, el secretario de Estado de los Estados, ejerciendo de gendarme universal.

La diplomacia española sabe que los provocadores del sur tienen medios para molestar, para crear pr0oblemas. Y también la sensación de que el vecino del norte tiende a ceder y pagar un precio por la neutralidad. Tanto en el caso Perejil, como ahora el gobierno de Madrid reaccionó rápido y firme. Con la complicidad decisiva de Estado Unidos en el primer caso (indiferente ahora) y la de la Unión esos días.

El balance de la crisis no va a ser favorable para Marruecos. Las imágenes les condenan, la manipulación de migrantes adolescentes es evidente y eso tiene precio, consecuencias. Dijo bien la embajadora marroquí en Madrid, no es gratis, hay consecuencias. Puede aplicarse el cuento. La capacidad de España y de la Unión Europea para complicar la vida al gobierno marroquí es evidente. A poca firmeza y respuesta europea los marroquís plegarán velas para acogerse a la templanza y el mal menor.

Ahora toca enfriar y esperar la siguiente crisis que llegará porque el vecino es demasiado sensible y está muy necesitado de coartadas para disimular sus fracasos internos que no son pocos. Arrojar migrantes a la frontera es amenazante, pero acredita también la debilidad del provocador. Otra cuestión es cómo gestiona la complicada relación con el vecino inevitable el gobierno español, que gestionó mal los preámbulos del conflicto pero respondió rápido y firme cuando éste se produjo.