Sánchez entre las encuestas y los indultos

La primavera se prometía próspera para los socialistas tras el triunfo relativo en las catalanas que albergaba alguna posibilidad de gobierno tripartito (por la izquierda); el desalojo del Partido Popular en alguna comunidad autónoma en connivencia con Ciudadanos a los que, de paso, se alejaba del PP; la campaña de vacunación que permitiría acabar con la pandemia; y finalmente la llegada de los fondos europeos para consolidar una recuperación… en resumen dos legislaturas por delante.

No ha acabado la primavera y las expectativas son menguantes: en Cataluña los socialistas y su “efecto Illa” siguen en espera de acontecimientos y el nuevo gobierno “indepe” exige contrapartidas onerosas para que sus grupos parlamentarios en Madrid sigan apoyando a ratos al presidente Sánchez; Ciudadanos se despeña, pero no a favor de los socialistas sino para engordar al PP; incluso hay evidencia de un trasvase de votantes socialistas hacia el Partido Popular que no estaba previsto; y las encuestas, irrelevantes pero atentamente escrutadas por los políticos, apuntan un vuelco del mapa parlamentario. Y para complicar emerge la tensión con Marruecos que siempre es incómoda para cualquier gobierno.

Valen de poco las encuestas cuando no hay atisbo de elecciones, pero marcan tendencia y modifican las expectativas y las estrategias. Su mayor efecto no es sobre los electores sino sobre los dirigentes políticos.

Tras los resultados de Madrid hay un cambio de rumbo. Madrid no es España, pero marca tendencia, se parecen. Que el PP aparezca ahora liderando las encuestas y con expectativas de que la derecha puede sumar para formar otro gobierno, indigesta a los dirigentes socialistas y realinea las posiciones internas con demérito para Sánchez que ya no parece invencible o imprescindible.

El panorama catalán conduce de forma casi inevitable a que el gobierno otorgue unos indultos a condenados que no piden medidas de gracia, y que van a sentir reforzada su estrategia para “hacerlo de nuevo”, aunque sea de otra manera o a otro ritmo. Unos indultos (y algo más) que tendrá para los socialistas más costes que retornos electorales.

Si algo caracteriza el debate político español (y europeo) es la volatilidad, en pocos meses cambian las tornas, se vuelven a barajar las cartas y aparecen combinaciones no esperadas pocas semanas antes. Por ejemplo, las posibilidades de los verdes alemanes para ganar la cancillería de Berlín no era una hipótesis con posibilidades hace pocos meses.

Aparecen protagonistas políticos amortizados y otros emergentes y una sociedad fatigada y con creciente desconfianza que no está reñida con las ganas de intervenir y, sobre todo, de castigar a los que les que les decepcionan. Una sociedad con ganas de cambiar aunque con expectativas limitadas, con ansiedades y pesimismo.