El dilema de Ciudadanos: ser o no ser

Ciudadanos fue un proyecto político ilusionante nacido en Barcelona como reacción frente al nacionalismo (independentista no confeso) y a la connivencia de los partidos constitucionalistas, PSC y PP. Ciudadanos era la otra vía, más limpia (sin historia). Tuvo aceptación en Cataluña y exportaron el modelo a toda España como partido intermedio, medio liberal, medio socialdemócrata, con más tirón que la UPyD de Rosa Díaz que tenía un origen semejante con base en el País Vasco y el antiterrorismo como motivación. Dos partidos colocados en el centro, como bisagras potenciales, aunque con vocación de ir a más, a ocupar espacio de partido de gobierno. En su momento ni UPyD ni ciudadanos encontraron un espacio de entendimiento, de integración para sumar. Fallaron las personas por déficit de inteligencia emocional. Ciudadanos ocupó el espacio de UPyD que se fue a la agonía y la liquidación. No supieron sumar.

Ciudadanos obtuvo resultados electorales prometedores en España y en Cataluña entre 2015 y abril de 2019: entre 13 y 16% de los votos nacionales y hasta 57 diputados. No sirvieron para nada, ni sumaban con el PP ni acertaron a sumar con el PSOE, sin importar de quien fue la culpa. De hecho, el PSOE asfixió a Ciudadanos el verano del 2019 que a final de año solo obtuvo un 7% y 10 diputados que reducían casi a cero sus posibilidades de gobernar. Lograron coaliciones oportunistas con el PP a nivel regional y local y tocaron techo.

Si el verano del 2019 fueron los socialistas los que redujeron el oxígeno a Ciudadanos, ahora son los populares los que les aplican la misma disciplina para colocarlos al borde del abismo. Casado ofreció una absorción, sin poner demasiado énfasis, desde hace meses y sin esperar que madurara la oferta optaron por la OPA hostil, por negociar trasvases de dirigentes que han dejado tiritando al partido que ahora lidera Inés Arrimadas.

Son ya varias las elecciones que acreditan un negro futuro a Ciudadanos, extraparlamentarios en Madrid, Galicia, País Vasco e irrelevantes en Cataluña el joven partido tiene pocas posibilidades de sobrevivir y tendrá que considerar las alternativas, incluida la muerte digna, salvar los muebles y evitar una de esas agonías que pasan por la insolvencia y la liquidación vergonzosa.

No es fácil tomar cualquier decisión: la de resistir puede ser suicida y la de entregarse a otro partido, al PP fundamentalmente, parecería cobarde. Los dirigentes no saldrán bien parados, tendrán que calcular daños y decidir lo menos estúpido. Si no es fácil crear un partido, enterrarlo dignamente puede ser tan complicado o más.