No está bien… pero no está prohibido

Lo explicó con meridiana claridad un joven, de los de la euforia nocturna tras el desconfinamiento, a Alsina en la radio: “la juerga nocturna no estuvo bien… pero no estaba prohibido”. Una declaración de ética personal y de sentido de la responsabilidad. A renglón seguido una periodista que necesitó recurrir esa noche al servicio de urgencias de un gran hospital narró lo que vio, jóvenes ebrios y maleducados que requerían atención urgente para desesperación de los sanitarios. Antes la Delegada del Gobierno en Madrid (socialista del aparato) y el Ministro del Interior (¡juez!) acusaban a la Presidenta de Madrid de los incidentes nocturnos por su énfasis en la libertad, la mala libertad según estos altos cargos.

Astérix exclamaría: “están locos estos romanos”. Efectivamente deben estar de la cabeza estas gentes que protagonizan lo relatado. El gobierno se quitó del medio la gestión de la pandemia a partir del verano bajo la premisa de que no les iba bien en términos electorales, que convenía diversificar riesgos y endosar responsabilidades a otros, especialmente al partido de la oposición que gobierna algunas comunidades, en concreto Madrid.

Nadie, salvo chinos, coreanos y japoneses, puede decir que ha gestionado bien la pandemia; ni los gobiernos ni las autoridades regionales o locales. El virus ha superado confinamientos (salvo los más estrictos e impopulares), perímetros, sanciones y normas de improbable cumplimiento. De esta catástrofe solo pueden alegar que respondieron con eficacia los investigadores que lograron las vacunasen tiempo récord y con ejemplar cooperación, y los sanitarios de base que se han entregado a su trabajo con una generosidad que va más allá del deber. A los demás, mucha humildad y algún cargo de conciencia.

El comentario del joven que se disculpa porque lo que hace (mal) no está prohibido es deprimente. Pone de relieve que la persuasión no ha funcionado; los argumentos de los médicos no han tenido penetración. A algún político con poder se le ha escuchado en privado “si hago caso de los sanitarios lo cierro todo, y eso no puede ser”. Pues que asuma sus responsabilidades, que dimita (es fácil) si “no puede ser”. La ofuscación que produce el partidismo, la polarización, (caso Marlasca) es como pare que se lo haga mirar, que los amigos no ofuscados le apelen a la reflexión y a la limpieza mental.

CODA: los periodistas también necesitamos un repaso con carácter individual y colectivo; más interno que público, en las redacciones más que en los foros. La libertad de expresión sucumbe con la irresponsabilidad profesional, me parece que lo dijo Camus. Un caso llamativo me parece el de El País, el diario más orgulloso de su buena práctica, también el más proclive a ver los defectos de los demás que los propios. El domingo, su principal crónica política, página 17 con foto de Sánchez titulada: “El gobierno confía en remontar…” incluye ¡ocho entrecomillados” atribuidos a fuentes próximas, a miembros del gobierno, barones socialistas, dirigentes del PSOE y del PP… ninguno identificado, ni un solo nombre para adverar. Todo verosímil, o quizá NO. Tampoco está prohibido… pero no está bien. Debe ser el signo de los tiempos.