El despiporre de los peajes en autopistas

El gobierno socialista, Ábalos en concreto, acaba de descubrir la utilidad de los peajes en las autopistas. Precisamente el mismo que rescató las concesiones para el Estado cancelando los peajes descubre a los pocos meses que los gastos de mantenimiento son importantes y que recuperar el peaje es recomendable. Podía haber rescatado las concesiones y mantenido los peajes, incluso más reducidos y acotados, sin armar alboroto, peor no resistió la tentación del momento de “pal pueblo”, fuera peajes y ahora pretende rectificar, aunque sea para el 2024.

Una rectificación que tropieza de inmediato con ese populismo ramplón que sostiene que cobrar por servicios públicos es antisocial. Las declaraciones del director de Tráfico apelando a las abuelas que no viajan ni conducen para justificar los peajes llaman la atención por su simpleza, más aún en persona con buena hoja de servicio público a la hora de reducir los accidentes de tráfico.

Utilizo la voz despiporre (desbarajuste, desorden) para calificar la recuperación del peaje por lo que supone de ocurrencia y de pensamiento desordenado. Resucitan el concepto a los pocos meses de enterrarlo y lo plantean con el horizonte de 2024, otra legislatura y otro gobierno, que es como escribir en una barra de hielo al sol.

¿No calcularon al escribir esa propuesta que contaría con un rechazo popular, demagógico en buena medida, pero intenso y real? Que coincida con las erróneas apreciaciones de los socialistas sobre la intención de voto de los madrileños apunta a que algún cortocircuito sufre el aparato del poder socialista.

Las intenciones fiscales contenidas en el “Plan de recuperación…”, al que el equipo de Sánchez ha confiado su futuro electoral, sorprenden por su simpleza, una especie de pedrea de ajustes tributarios cuando lo que precisa el sistema fiscal español es una revisión a fondo, una refundación desde las raíces para ensanchar las bases fiscales, simplificar los modelos, tapar los agujeros y mejorar los procedimientos. Una operación semejante a la acometida durante la transición, entre 1977-85 con amplio consenso parlamentario y académico que estableció una fiscalidad moderna y homologable con las más avanzadas y democráticas, pero que hoy está agotada, averiada y precisa una revisión a fondo. El despiporre de los peajes revela pensamiento desordenado, ausencia de ideas y de fundamentos en estas gentes que nos gobiernan. Quizá es que estudian poco, que escuchan poco y que se enteran mal.