Punto de inflexión, existe; pero Madrid no es España

El pescado estaba vendido desde primera hora; las encuestas, al margen del CIS, acertaron. Los electores arruinaron la pretensión del empate en el eje derecha/izquierda, la diferencia alcanza los 16 puntos y más de medio millón de votos, que suponen un desastre sin paliativos para los socialistas, cuya zigzagueante estrategia de campaña y algo más, les ha llevado a un batacazo que no puede endosarse al candidato Gabilondo, hay otros responsables más arriba en Ferraz y la Moncloa. Las explicaciones de Ábalos anoche no acreditan que hayan aprendido la lección.

Menos instalados y taimados que los socialistas los otros dos derrotados de la cita madrileña son los nuevos partidos, los surgidos de la crisis del 2015: Unidos Podemos y Ciudadanos. Año y medio le ha costado a Pablo iglesias llegar al gobierno, a una vicepresidencia con poco contenido a la izquierda de Sánchez, para ahora salir de la política, donde ya no se encuentra cómodo. Abandona sus cargos orgánicos y se dedicará a otras actividades menos exigentes.

Cuantos ningunearon o desdeñaron a Ayuso como política de poco fuste y menos peso tendrán que rectificar; sea por sus méritos o por los deméritos de otros, lo cierto es que Ayuso se ha ganado la presidencia y un gobierno monocolor para los próximos dos años que controla completamente. Nadie la puede restar el carácter de líder.

Pablo Casado es el otro ganador de la jornada; apostó hace meses por una opa hostil, fusión por absorción no negociada, de Ciudadanos y lo ha conseguido, quedan flecos menores centrados en la figura de Arrimadas que está muy debilitada. Apostó también por tomar distancias de VOX, por no aceptar la coalición, y con los resultados de Madrid puede ratificar esa estrategia y aspirar al voto útil para reunificar la derecha. El consejo de Aznar empieza a concretarse y Casado puede sostener, con fundamento, que el voto de Madrid marca un punto de inflexión en el sesgo de la política que arrancó el año 2014 con la fragmentación de partidos a la derecha y a la izquierda; por la crisis del bipartidismo imperfecto que caracterizó la democracia española hasta ese momento.

No está tan clara la tesis de Ayuso de que Madrid es España; en la capital y región no hay fuerzas soberanistas-separatistas, las que ocupan más de 40 asientos en el Congreso y determinan quien obtiene la Moncloa. Esa es la baza de Pedro Sánchez, la que le llevó y le mantiene en la Moncloa sin otra explicación que la llave que le otorgan esas amistades. Madrid es Madrid, un territorio sin identidad, tierra de acogida y de adopción, que recibe, que crece, que arrastra, pero España es más compleja y más plural, algo que el PP y la derecha tienen que aprender a gestionar si quiere alcanzar la Moncloa.

Con estos resultados nada apunta a una rebaja de la tensión izquierda/derecha en el reñidero político español; hasta los próximos comicios nacionales (horizonte 2023) la polarización dominará las estrategias. De Madrid sale muy quebrantado el PSOE, tercer partido en número de votos, pero sin propósito de enmienda; Sánchez aislará el fracaso en Madrid y aguardará tiempos mejores; nadie del partido le va a reclamar nada.