Los salarios y empleos de banqueros y bancarios

Los planes de rescisión voluntaria de contratos laborales en la banca son una constante reiterada durante la última década por razones bien conocidas: los excedentes de empleo que provocan las fusiones; los ajustes de costes que imponen las dos últimas crisis; el estrechamiento de márgenes que implica una política monetaria de nulos tipos de interés; y el fenómeno de la digitalización de los procesos de información. Con todo eso está explicado que la banca haya prescindido de un tercio de las plantillas y la mitad de las oficinas durante los últimos años. Más aun, el proceso está lejos de acabar y es más que probable que solo ha hecho la mitad de camino.

Los últimos expedientes de Caixabank y BBVA ha provocado un razonable escándalo con declaraciones campanudas de varios ministros azuzados por una opinión pública irritada que salta a la menor incitación. Las declaraciones de esos ministros, especialmente las de Nadia Calviño, rozan el impudor, ya que muestran sorpresa por algo que conoce bien y que han aprobado de forma fehaciente. El Estado dispone de una participación importante en Caixabank, con asiento en el consejo incluido, de manera que ha conocido y aprobado el ajuste de 8.000 empleos sin decir ni pio.

Al margen de rostro de cemento armado del gobierno lo que llama la atención es la torpeza o ingenuidad y lo que ustedes quieran… de los responsables de esos bancos, gente inteligente, preparada, experimentada que se lanzan al ajuste sin ponderar los riesgos reputacionales de la decisión. A raíz de las declaraciones gubernamentales reaccionan con el anuncio de que van a reubicar a los afectados por las rescisiones.

¿No se les ocurrió antes? ¿No pudieron hacerlo de forma simultánea, incluso anticipada, a anunciar la medida? Asombroso. No se ganan esos sueldos generosos que perciben con regularidad. Ganan lo que ganan porque son listos y saben ponderar los riesgos. La realidad no lo confirma, perdieron el olfato del riesgo hace tiempo y como prueba basta la lista de condenas que acumulan en los tribunales por productos mal diseñados y peor vendidos.

Hay razones suficientes para abordar el ajuste, pero también para exigir a esos gestores que imaginen procedimientos más efectivos que el despido voluntario o forzoso, por bien pagado que esté.

El consejero delegado del Santander, unos de los profesionales más competentes y discretos del sector, argumenta que los salarios del sector están muy regulados, son transparentes y están aprobados por consejos y juntas generales. Es cierto, pero la crisis del sector casa mal con el dato de que los salarios del sector, especialmente los más elevados (también los medios) son los más altos. Salarios medios elevados y salarios máximos desmedidos. Si medio siglo atrás la diferencia entre la media del decil superior y la media del sector era de diez ahora está por encima de 30 sin que haya razones que lo justifiquen. Y si utilizamos el dato del último centil el multiplicador es de tres cifras.

Pudiera ser que esta gente tan inteligente haya perdido el sentido de la realidad, instalados en sus fortines exclusivos y mareados por ambiciones y por los informes de consultores que agradan a los clientes para cobrar más. De gente tan preparada y principal cabría esperar más inteligencia emocional.