Caixabank, ni es el primer ajuste ni será el último

Caixabank, el primer banco del país resultado de fusionar las dos primeras cajas que antes absorbieron una veintena de cajas locales y regionales, inició este mes su andadura como líder cuantitativo del sector en España con duras noticias que revelan la complejidad de los procesos de consolidación del sector. Más de ocho mil despidos en Caixabank (casi 20% de los 44.000 empleados en España) planteados con una primera fase de voluntariedad. Para ello la entidad ofrece condiciones aparentemente ventajosas para incentivar la rescisión de los contratos laborales.

Los afectados apostaron en su día por empleos estables y bien pagados en un sector como el financiero considerado como rentable, poderoso y seguro. Caixabank se compromete a asumir un papel activo para procesos de búsqueda de empleo de cuantos rescindan sus contratos de trabajo. Una estrategia que no es nueva pero que debería ser obligatoria para empresas con recursos.

Dos décadas atrás, a caballo del cambio de siglo, Telefónica promovió tres expedientes de rescisión de empleo que afectaron a 33.000 trabajadores. Aquel avatar provocó algunas medidas legales para evitar que buena parte del coste recayera sobre el sistema de seguridad Social; la compañía tuvo que asumir el pago de parte de los salarios hasta la jubilación legal. Ahora habrá que proponer nuevas exigencias para ofrecer nuevos empleos a los empleados despedidos.

El sector financiero es ahora el protagonista de expedientes de empleo de nueva generación. Durante los últimos doce años, entre las dos recesiones, el sector ha reducido el empleo a dos terceras partes, cien mil empleos menos. El evidente que la transformación del sector por efecto de la digitalización y de la competencia con nuevos agentes financieros, impone reducciones dramáticas del empleo y que este proceso está aun a mitad de camino.

Menos entidades financieras y más competencia de nuevas iniciativas digitales (servicios financieros por internet) reducen el requerimiento de personas a la mitad o menos, profesionales en muchos casos bien formados y muy capaces. Se puede hacer más, incluso mejor, con menos empleo.

La planta teórica de un banco nacional con plena implantación en todo el territorio, bien dorado tecnológicamente y con planta de oficinas, puede situarse en hasta 3.000 oficinas y no más de 20.000 personas. Con esa matriz a Caixabank le siguen sobrando 15.000 puestos de trabajo y los dos competidores nacionales (BBVA y Santander, que también andan inmersos en procesos de ajuste laboral) otros 20.000. Las otra decena de entidades instaladas en España con pretensiones nacionales, al menos urbanas, también tienen ajustes en curso y otros que vendrán que pueden afectar a otros tanto empleos.

La vicepresidenta Calviño apunta a que mientras duren los ajustes las cúpulas directivas deben sufrir procesos semejantes: menos sueldos, menos bonus, menos incentivos… Le asiste razón y apoyo popular. Las diferencias salariales en el sector son abismales, por encima de un multiplicador cien entre el último y el primer centil salarial, y del 40 entre los deciles extremos. Treinta años atrás el multiplicador era de no más de veinte. ¿Pueden explicar semejantes diferencias salariales en estos tiempos de ajuste?