Vacunas y la fórmula de la Coca Cola

Sobre el populismo hay múltiples definiciones bastante coincidentes que pueden ser más amplias o más sintéticas. En todas ellas hay una característica común: los populistas proponen soluciones sencillas a problemas complejos. Un caso muy reciente: si faltan viales de vacunas, problema más complejo de lo que parece a primera vista, la solución populista es inmediata: levantar las patentes y generalizarlas, hacerlas patrimonio común para que cualquiera las aplique.

Al margen del debate sobre patentes y derechos de propiedad, que no es nuevo y cuenta con abundante literatura académica bien argumentada, lo evidente es que si el problema es de urgencia, disponer de vacunas con urgencia, el levantamiento de patentes no es la solución segura. Se trata de una medida que requiere tiempo, debate, legislación, indemnizaciones… aspectos que están reñidos con la urgencia.

Además las patentes de farmacia, en concreta la que afecta al coronavirus, no es como la patente de la coca cola, un concentrado secreto que si se desvela se produce en poco tiempo y se aplica de forma inmediata con adición de azúcar, agua y otras sustancias de fácil disposición. Embotellar y distribuir a continuación es bastante sencillo, aunque también requiere disponer de recursos y capacidades que no se adquieren de la noche a la mañana.

En el caso de las vacunas a las que nos referimos sabemos que fabricarlas y tiene algunas complicaciones y exigencias que no se resuelven rezando tres credos. Primero hay que obtener el ARN mensajero (ingrediente principal) que contiene las instrucciones genéticas para producir la proteína S, que va a activar los anticuerpos para neutralizar el virus. Para llegar al final, al frasquito con seis dosis, intervienen hasta 86 proveedores distintos ubicados en veinte países que gestionan hasta 280 materiales distintos.

Hay que integrar moléculas, embotellarlas, empaquetarlas, congelarlas y distribuirlas a la temperatura adecuada. Y luego aplicarlas. Todo ello requiere recursos, habilidades, tecnología, planta industrial… que no se crea en un “pispas”; no gaseosa ni coca cola. Si algo ha ensañado esta pandemia es que la búsqueda de soluciones (tratamientos y vacunas) no es algo que pueda hacer una empresa sola por poderosa que sea. Lo logrado hasta ahora, que es extraordinario, es fruto de cooperación de muchos científicos y de compartir conocimiento y también financiación y capacidades, recursos públicos y privados. Todo ello con estrategias multinacionales, globales. La fórmula de la Coca Cola está protegida por una patente y un relato con cierta épica.

Lo de las vacunas pertenece a otra necesidad y urgencia. Lo que se está haciendo es asombroso, con márgenes de error por las prisas, pero con una efectividad que invita a la autoestima y al reconocimiento del talento de los seres humanos. Menos populismo y más sentido común, más contención y conocimientos, por favor.