Armonizar el impuesto de sociedades, es posible

La competencia internacional con el impuesto de sociedades ha sido durante las últimas décadas (las de la globalización de comercio e inversiones) uno de los temas de debate y discrepancia entre distintos gobiernos. Los impuestos bajos a las compañías internacionales son imanes de captación de inversiones hacia países como Irlanda y Holanda que, además de los paraísos fiscales habituales, han practicado con descaro esa política ante la tolerancia e impotencia de los perjudicados.

Una práctica que en principio quedó amparada por argumentos de soberanía y libertad, pero que con el paso del tiempo y el aprovechamiento de la oportunidad por parte de muchas compañías (¿Cómo no hacerlo si era legal?) se convierte en un agujero fiscal para las Haciendas de otros países, incluidos los más ricos y poderosos, que pierden ingresos en cantidades demasiado relevantes como para dejarlo pasar.

No es fácil bloquear ese modelo de competencia desde un solo país. El problema requiere respuestas coordinadas, consensuadas en un ámbito supranacional, que establezca transparencia y unos mínimos para limiten y regular la competencia fiscal. En principio se encomendó a la OCDE la tarea de proponer mecanismos de armonización que han tropezado siempre con la zancadilla de los que utilizan esas ventajas fiscales, tanto países como compañías. Entre éstas han sido las multinacionales tecnológicas las que disfrutan de las mejores oportunidades para deslocalizar sus facturaciones y sus ingresos huyendo de cualquier fiscalidad.

El G20, como principal organismo multinacional informal pero real, tomó nota y se interesó en el problema desde hace años, pero no han llegado más allá de lo declarativo en sus retóricos comunicados. Parece que ha llegado la hora de pasar de las musas al teatro, de las declaraciones a las decisiones. El Gobierno Biden está decidido a recomponer su impuesto de sociedades y taponar las fugas, a obligar a las multinacionales a localizar y repatriar sus beneficios y a cerrar las vías de agua de la elusión fiscal que aprovecha las fugas que permiten legislaciones ineficientes.

Las estimaciones sobre el monto de los impuestos eludidos son muy relevantes y golosas para todas las Haciendas. Y el momento no es menos oportuno cuando los déficits presupuestarios anuales y la deuda pública acumulada alcanza niveles inquietantes. Recaudar se va a convertir en cuanto se supere la pandemia en un objetivo urgente e irrenunciable. Y para recaudar hay que empezar por cerrar los boquetes de la evasión. Tanto el FMI como el Tesoro de los Estados Unidos están por la labor, también la Unión Europea. Los trabajos de la OCDE están hechos solo falta tomar las decisiones oportunas que ahora parecen posibles por necesarias. El dueño de Amazon está de acuerdo; sus motivos tendrá.