Sostiene Sánchez… que todo va bien

El presidente Sánchez compareció ante los periodistas para contestar preguntas. Eso está muy bien, incluso aunque divague y no conteste; al menos se expone y escucha algo que puede no gustarle y que quizá puede hacerle pensar. Otra cuestión es lo que dice, los argumentos que desarrolla ante los ciudadanos ese fondo claramente electoral, que forma parte de la naturaleza de las cosas en el discurso político. No obstante, puede no ser eficaz, ya que ganar credibilidad es un arte complicado y azaroso, al alcance de unos pocos.

El guion de Sánchez en esta comparecencia, sin ser exhaustivo, fue decididamente optimista sobre la pandemia y sobre la economía, que son los dos problemas que agobian a los españoles.

Sobre la pandemia el discurso de Sánchez se llama vacunas; desde finales del pasado año, cuando la segunda ola se mostraba sin piedad, el gobierno, especialmente Sánchez, se retiró de escena para endosar la responsabilidad de la gestión a los gobiernos autonómicos. Declaró que la pandemia estaba vencida y que salíamos más fuertes y sacó adelante un estado de alarma de seis meses que le aliviaba de comparecer en el Parlamento. Y desde aquel momento, finales de 2020, la palabra mágica de Sánchez es vacunas. Esta semana ha decidido (síndrome electoral para el 4 de mayo) concretar los plazos de vacunación para reforzar el compromiso de que la inmunidad se alcanzará durante el verano.

Es posible que se alcance el objetivo, pero no va a depender solo de la eficiencia del gobierno central, que es un mero distribuidor; o de los autonómicos (que aplican los viables) sino de la eficacia de los contratos de la Unión Europea con los laboratorios.

El segundo eje del discurso de Sánchez se refiere al estado de alarma que espera concluir (salvo imprevistos) en mayo. ¿quiero eso decir que se acabarán las restricciones, las limitaciones… en ese momento? Quizá sí, quizá no. En cualquier caso, sorprende que la vicepresidenta 1ª diga que no hace falta extender la alarma, lo cual lleva a cuestionar su propia necesidad.

Está claro que el gobierno no quiere trasladar malas noticias la ciudadanía, que prefiere ser el poli bueno de las vacunas más que el poli malo que restringe los movimientos y pone multas.

El tercer argumento de Sánchez tiene que ver con la economía; estamos mejorando sostiene Sánchez. Y como argumento de autoridad le vino al pelo el Informe del FMI sobre perspectivas económicas que c0nsidera que este año la economía española crecerá este año el 6,4%, la tasa más alta del mundo. Cierto, pero tan cierto como que la economía española es una de las que ofrece peor desempeño del mundo. Sánchez lo sabe, lo debe saber, pero prefiere trasladar el primer mensaje dando de lado el segundo.

La versión de la economía de Sánchez asombre por la ausencia de problemas y el optimismo del profeta. Vacunas y fondos europeos lo van a recomponer todo, pero para que así sea, que es posible, hay que currar mucho, superar muchos deberes y obstáculos, conseguir complicidades, convencer, seducir, prometer esfuerzo, sudor y algunas lágrimas, pero de eso no hay nada en el discurso de Sánchez.