Entre perplejidades y chapuzas

Uno de los jueces que preside un caso de corrupción del PP retrasa la vista un par de días porque está citado a vacunarse contra el Covid ¿Acaso todos los que se vacunan se toman dos días de descanso por las posibles reacciones? Raro, raro; produce perplejidad. Tanta como la suerte del abogado de Puigdemont, metido a diputado autonómico y secretario de la mesa del Parlamento catalán, para auxilio jurídico de la presidente que es filóloga. Cuevillas, que así se llama el abogado y diputado declaró a un medio afín al independentismo que no tienen sentido gestos retóricos de desobediencia que provoquen multas o suspensiones. Puro sentido común que los “indepes muy ventilados”, la presidenta del Parlamento, consideren anatema el comentario del abogado como para que pierda el puesto en la mesa y el afecto de sus compañeros de aventura también es raro, raro.

Así discurren los avatares político-jurídicos de este país atormentado por excesos raros. Y junto a los excesos las chapuzas demasiado frecuentes. Entre las más llamativas la ocurrida con los pagos a los afectados por los ERTEs de la pandemia. Una respuesta clara a la crisis sobrevenida por los confinamientos. Lo que el gobierno no tuvo en cuenta es que se trataba de rentas que debían incluir una retención, la que Hacienda exige a cualquier pagador. No practicaron la retención así que los perceptores tienen que incluir el ingreso en la declaración de la renta y, en algunos casos, pueden tener la obligación de pagar una cantidad imprevista.

¿De quién es la responsabilidad por no haber aplicado la retención? ¿A quién hay que reclamar ese pago?, ¿Por qué no se advirtió a los perceptores de esa renta de la obligación de declarar y, en su caso, pagar a Hacienda? La Agencia Tributaria ha optado por facilitar el pago en seis mensualidades sucesivas, que no es un favor apreciable. Lo más lógico, lo menos chapucero, lo que se hace en casos similares ante pagadores que no retuvieron, es reclamar al pagador la retención no efectuada por negligencia o arrogancia o cualquier otra razón.

El malestar entre los afectados es lógico, probablemente mayor del que merece la chapuza ya que en la mayor parte de los casos la obligación de declarar no supondrá un abono importante. Pero la chapuza está hecha y el malestar provocado no es baladí.

Dicen los expertos en conflictos que la mejor solución para un problema es evitarlo. Eso deberían hacer tenido en cuenta los altos cargos de Trabajo, de Hacienda y de la Moncloa con los subsidios por ERTEs: evitar el problema; aplicar el procedimiento habitual de retención. Los errores del gobierno no los pagan los que los comenten, ni siquiera asumen la responsabilidad, tiran con pólvora del común.

Y de las chapuzas a los apaños que producen perplejidad la decepción de los ciudadanos crece cada día.